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Hagamos del MOEC un Auténtico Partido Marxista Leninista

El primero de Octubre de 1965 se celebró la primera reunión nacional de cuadros de dirección del MOEC para tratar los delicados problemas internos y tomar determinaciones contra el oportunismo y el mercenarismo en el Movimiento. De ésta reunión salió el Comando Ejecutivo Central, como organismo de dirección provisional hasta el III Congreso. El compañero Ricardo Sánchez presentó a la consideración del Comando Ejecutivo Central el presente material, que fue discutido, corregido y ampliado; el Comando acordó publicarlo como análisis crítico y autocrítico de las experiencias del movimiento como organización revolucionaria independiente, que toda la militancia debe discutir seriamente en los organismos, con un alto espíritu de responsabilidad, consciente de que de la actual lucha interna en defensa de los principios marxista-leninistas depende el futuro del MOEC y su participación de vanguardia en la revolución colombiana. El III Congreso tendrá que ser un acontecimiento importante en la vida de la organización, porque está llamado a echar las bases sólidas de su estructuración leninista. El deber de los militantes del Movimiento es hacer del III Congreso una gran victoria revolucionaria. Por eso nuestro primer paso es elevar nuestra capacidad ideológica y política, estudiar la situación del país y nuestras experencias y combatir decididamente los vicios y las falsas estrategias. Iniciemos desde ya la lucha por la creación y aplicación de una línea, estratégica y táctica acertada de la revolución colombiana y luchemos por hacer el MOEC un auténtico partido marxista-leninista. Del estudio de nuestros fracasos aprenderemos a vencer al enemigo.

Compañeros:
Quienes nos reunimos hoy estamos preocupados por unos mismos problemas y en general hemos tenido unas mismas experiencias en las tareas por la creación de una auténtica vanguardia-leninista, que sea capaz de organizar, educar y dirigir victoriosamente al pueblo colombiano en su lucha contra el enemigo imperialista y oligárquico. Sabemos que en el proceso revolucionario de Colombia ha fallado el factor dirección, y que en cambio las condiciones objetivas de explotación, apogeo de la lucha de clases, miseria de la inmensa mayoría del pueblo, desprestigio de la minoría dominante, etc, están dadas tiempos.

En la actualidad en el país se nota un auge de la lucha de las masas contra la clase dominante, debido a la agudización de la crisis económica y política del sistema. Varios factores influyen en esta crisis. El imperialismo yanqui apoyado en la burguesía intermediaria y antipatriótica, continúa con sus campañas de saqueo de nuestras riquezas, mediante el incremento de medidas devaluacionistas y cargas de todo tipo a nuestro pueblo. Estas medidas van acompañadas de una política represiva para ahogar las protestas de las mayorías explotadas. Los movimientos sindicales de los obreros son oprimidos a la fuerza y en los campos la violencia oficial llega al encarcelamiento masivo de la población, al asesinato y al genocidio, muchos dirigentes obreros, campesinos y estudiantiles han sido encarcelados o asesinados. Por su parte el movimiento revolucionario colombiano, a través de las nuevas organizaciones revolucionarias, orienta su trabajo a la formación de brazos armados guerrilleros, cada día con mayor decisión, para contestar a la violencia reaccionaria con la violencia revolucionaria. El MOEC es unas de estas organizaciones que ha creído desde su fundación que la principal forma de lucha de nuestro pueblo, en esa etapa del proceso revolucionario, es la lucha armada. Alrededor de este planteamiento estratégico fundamental, que la práctica ha coorroborado como justo, el Moviniento ha trazado su política revolucionaria. Sin embargo no ha cumplido a cabalidad sus tareas de dirección.

De lo que se trata, compañeros, es de analizar las causas por las cuales el MOEC no ha podido cumplir con la misión histórica de darle al pueblo la vanguardia que necesita para realizar sus anhelos de liberación. El MOEC promulgó a las masas colombianas que era una respuesta a la dirección claudicante del Partido Comunista porque dicha dirección no estaba al frente de la lucha popular, conciliaba con el enemigo de clase, se había matriculado en las filas del revisionismo internacional y convertía al Partido en una organización débil, desacreditada entre las masas, con una disciplina totalitaria que es la ley de la camarilla “mamerta”. Hoy estamos más convencidos que la dirección revisionista del Partido Comunista, con Vieira a la cabeza, es traidora a la clase obrera, cuando por decir estas cosas, hemos sido víctimas de los revisionistas, quienes en su desesperación por acabar con el MOEC, han recurrido a los medios más bajos y ruines como la delación y la calumnia.

Pero ha sido realmente el MOEC la respuesta al revisionismo en Colombia? Es el MOEC una vanguardia marxista-leninista? El MOEC ha llegado a las masas con una orientación justa? Algunos militantes del Movimiento no podemos contestar a estas preguntas afirmativamente. En siete años de existencia del MOEC hemos cometido serios errores que nos han impedido vincularnos efectivamente a las masas, que han entorpecido la aplicación de los principios marxista-leninistas en el aspecto organizativo y en la construcción de una teoría revolucionaria; debemos evaluar estos errores, estudiarlos y reconocerlos con la honestidad y el valor propios de revolucionarios. Un buen número de compañeros temen a que las masas se enteren de nuestras debilidades, porque nos desacreditamos como organización y les damos argumentos a nuestros enemigos para que nos ataquen. A estos compañeros debemos aclararles que los revolucionarios no le tememos a la verdad, y nos sobra valor autocriticarnos. Si nos equivocamos fue precisamente porque nos atrevimos a luchar y si reconocemos los errores es porque estamos resueltos a seguir luchando. A las masas no las vamos a engañar, no les vamos a decir que nosotros hemos cumplido plenamente, cuando ellas saben que el MOEC no ha dado la organización, la educación y la orientación que necesitan. Las masas van a comprender mejor el fenómeno del desarrollo de nuestra organización si lo explicamos objetivamente, si ayudados por la ideología revolucionaria, analizamos las razones por las cuales hemos fracasado varias veces en el empeño de crear un frente armado y aclaramos las especies, verdaderas unas y mentirosas otras, que la propaganda enemiga ha regado sobre el robo de dineros y la presencia de elementos perniciosos dentro de la organización.

La historia de MOEC es un campo riquísimo para la investigación de los compañeros que deseen contribuir al fortalecimiento de nuestra teoría revolucionaria. La construcción del partido y su línea teórica y política estarán relacionadas con la investigación que hagamos de la historia del Movimiento y las conclusiones acertadas que saquemos de nuestras experiencias. Demostraremos uso de razón en la lucha política cuando seamos capaces de hacer estos juicios y aplicarlos a nuestro posterior desarrollo como partido revolucionario.

Sin embargo, no tenemos que entristecernos demasiado, ya que si erramos en asuntos de importancia, también hemos acertado en muchas tareas y obtenido resultados positivos. Una prueba de ello es la extensión del Movimiento a escala nacional, la formación de cuadros nuevos de dirección e instructores revolucionarios, la influencia política en varias zonas campesinas y en sindicatos obreros, este avance en crecimiento es el que debemos atender con una justa orientación ideológica, política y organizativa.

En la actualidad el Movimiento afronta tres problemas fundamentales:
1- Fallas organizativas que desvirtúan el carácter leninista de nuestra organización. Existe una situación anárquica por el desconocimiento de las normas organizativas y del estilo de trabajo de un verdadero partido marxista-leninista; son manifestaciones del liberalismo en el aspecto organizativo, que podemos sintetizar en la ausencia de formación orgánica en la mayoría de regionales y descoordinación entre los organismos de distinto nivel donde hay principios de organización. Los organismos han sido suplantados por “grupos de amigos”, la dirección colectiva por “hombre orquestas” y la crítica por ataques personales, la disciplina en tales condiciones no opera. Estas aberraciones dentro del Movimiento están generalizadas, sin embargo esto no quiere decir que en ciertas regiones del país y en determinados períodos de nuestro desarrollo, los vicios anotados no hayan sido combatidos ejemplarmente con resultados positivos; pero en general el nivel ideológico y político es bajo -causa de estos males-, y el liberalismo, el subjetivismo, el individualismo, el caudillismo y el oportunismo corroen al Movimiento.

2- Presencia en la dirección nacional del Movimiento, especialmente en el Consejo Ejecutivo Nacional, de elementos oportunistas de muy bajo nivel ideológico y responsables de graves errores de dirección en la presente y pasadas etapas. Estos elementos practican un método conciliacionista para resolver sus contradicciones internas y su efecto pernicioso se resume en destrucción de la organización y corrupción de la militancia.

3- Fallas considerables en la elaboración de una teoría revolucionaria sobre la construcción de nuestra vanguardia marxista-leninista y sobre la línea estratégica y táctica de la revolución colombiana. Por falta de esta teoría los militantes del MOEC no han adelantado satisfactoriamente en las tareas de fortalecimiento orgánico, ni han contado con una orientación clara para dirigir el proletariado colombiano y al pueblo colombiano en su lucha revolucionaria.

De la solución que le demos a estos tres problemas depende el futuro del MOEC. Ideológías y prácticas contrarias al marxismo-leninismo hacen carrera dentro del Movimiento. La contradicción está planteada en los siguientes términos: o persistimos los compañeros de alguna preparación ideológica y política en la tarea de convertir el MOEC en un partido marxista leninista, desarrollamos sin vacilaciones la lucha contra las tendencias oportunistas de derecha o “izquierda”, nos vinculamos efectivamente a las masas con una teoría revolucionaria acertada; o los oportunistas y liberales harán definitivamente del MOEC una agrupación que sirva a los intereses personales de unos pocos y se constituya a la postre en un instrumento del enemigo burgués. Es necesario resolver esta contradicción aplicando métodos correctos, efectivos, científicos. Hay que partir del conocimiento de las características y formas que adoptan las tendencias no proletarias dentro del Movimiento, señalar sus causas y definir su naturaleza. Debemos investigar si estas contradicciones no son antagónicas y se manifiestan entre compañeros revolucionarios que discrepan en cuestiones de procedimiento y que podemos resolver con el estudio, la discusión y la crítica y autocrítica; o son contradicciones que han llegado a ser antagónicas entre la ideología enemiga traída al seno de la organización y defendida sistemáticamente por elementos oportunistas y el marxismo-leninismo defendido por los revolucionarios, y que debemos resolver con una lucha efectiva en los terrenos ideológico, político y organizativo, hasta la eliminación al máximo de estas tendencias antirrevolucionarias dentro del Movimiento. Para conocer las características, la naturaleza y las causas de estas contradicciones dentro del Movimiento debemos ayudarnos del marxismo-leninismo como guía y consultar la experiencia universal de los pueblos y partidos hermanos. Cuando hayamos definido estas cosas nos pondremos de acuerdo en el método que debemos seguir para resolver tales contradicciones; sabremos si basta con la crítica y autocrítica o si es necesario desarrollar una lucha más efectiva para salvar el Movimiento.

Dos objetivos debemos proponernos desde ahora: primero, despertar el análisis crítico y autocrítico en los compañeros que han vivido experiencias valiosas en los diferentes campos del trabajo revolucionario; experiencias sobre la construcción orgánica, sobre el trabajo campesino y militar, sobre el trabajo cerrado y abierto, sobre la lucha sindical y vinculación a las masas urbanas, sobre las tareas de educación, finanzas y agitación y propaganda, etc. Que la gran mayoría de compañeros se preocupe por participar activamente en la construcción teórica del MOEC, y que abandone esa vieja conducta de guardarse para sí las experiencias que otros compañeros y toda la organización requieren para avanzar. El segundo objetivo es el de promover la lucha interna contra las tendencias no proletarias y resolver los tres problemas de falta de una dirección marxista-leninista, de las fallas en organización y de la pobreza de nuestra teoría revolucionaria. Que todos los compañeros de preparación ideológica participen en la lucha interna, investiguen nuestras contradicciones, eduquen a los compañeros de menor preparación y les ayuden a distinguir entre las prácticas revolucionarias y las que no lo son, entre los métodos y posición de clase proletarios y los métodos liberales y oportunistas dentro del Movimiento.

Con el presente material vamos a tratar de iniciar esta tarea, conscientes que será apenas el esbozo de una constructiva discusión sobre el estado actual del Movimiento y su desarrollo a través de estos siete años.

Capítulo I

FALLAS ORGANIZATIVAS

Hemos dicho que las fallas en el aspecto organizativo son el primer problema que veremos, o sea que no adoptamos dentro de nuestra organización interna las formas y métodos de un verdadero partido marxista-leninista. Estudiemos si en verdad sucede estro dentro del Movimiento.

NO TENEMOS ESTATUTOS

El MOEC carece de unos estatutos inspirados en las normas leninistas de organización. Los estatutos aprobados en el Primer Congreso y modificados en el Segundo Congreso para que regieran la vida interna de la organización adolecen de errores considerables que chocan contra el carácter proletario marxista-leninista del Movimiento, como la definición que dan estos estatutos de que el “Movimiento Obrero Estudiantil Campesino (MOEC 7 de Enero) es un Movimiento revolucionario que agrupa a todos los colombianos sin distingos de partido político, raza o religión y que busca la toma del poder por medio de la Insurrección Armada, instaurando un gobierno representativo de todas las clases exploradas y oprimidas bajo la dirección de la clase obrera y campesina, para logra la liberación social y económica definitiva del pueblo colombiano. “esta definición está alejada de lo que debe ser el MOEC: la forma superior de organización de la clase obrera de Colombia, guiada por el marxismo-leninismo, y que tiene por objetivos la derrota del enemigo imperialista y oligárquico y la instauración de una democracia popular sostenida sobre la alianza obrero-campesina y dirigida por el proletariado.

Los estatutos son deficientes, varias de sus normas son inaplicables a nuestra realidad y algunas atentan contra el principio de la democracia interna que debe imperar permanentemente en el Movimiento, como el artículo 26, para no citar más que uno, en el que se prescribe que “las decisiones del Comité Ejecutivo deben ser aprobadas por las dos terceras partes". En este caso del artículo 26 la minoría puede poner condiciones y entorpecer la voluntad de la mayoría, lo que es un procedimiento antileninista, que debemos rechazar en el Movimiento. Por este motivo los estatutos no se aplican, no se han divulgado, y por eso los militantes tienen criterios distintos respecto a las formas de organización, a las relaciones internas, a los deberes y derechos de los afiliados, a las condiciones que deben cumplir quienes deseen pertenecer al Movimiento, a los períodos de premilitancia, etc.

Los estatutos del I Congreso reflejan una etapa primaria del desarrollo del Movimiento y si para aquel entonces fueron justos y aceptables, hoy niegan el avance ideológico y organizativo que hemos tenido. Las experiencias organizativas, que eran escasas para el I Congreso, y la superficialidad de estos organismos máximos del Movimiento para analizar nuestra situación y su futuro, fueron factores importantes para que estos estatutos contemplaran disposiciones antileninistas y reflejaran acentuado espíritu liberal.

Los estatutos son parte de las tareas inaplazables que tenemos por cumplir y el III Congreso del Movimiento debe decidir sobre esto. Hoy contamos con experiencias muy grandes en el campo organizativo, más adelante analizaremos algunas que nos permitirán elaborar unos estatutos realistas, aplicables, y sobre todo inspirados en los principios leninistas del partido del proletariado.

GRUPOS EN LUGAR DE ORGANISMOS

La tarea de formación de base ha sido abandonada en la mayoría de los departamentos. Existen regiones con buen número de militantes afiliados, en donde no se cuenta con un regional de dirección media, ni con zonales en las poblaciones donde hay también militantes afiliados. Comúnmente se presenta el caso de compañeros que trabajan solos, aislados, por su cuenta, haciendo lo que les provoca. Estos compañeros, como no integran organismo ni busca al organismo superior, ni planifican, no responden de su trabajo a nadie, no practican dirección colectiva, en una palabra, no hacen vida de partido. Es como si no pertenecieran al Movimiento. Estos compañeros no avanzan en su preparación ideológica y política, no se pueden vincular a las masas y sus trabajos se pierden casi siempre por falta de cooperación colectiva que solamente la puede dar un trabajo de partido. Un militante así está dispuesto a retroceder en su posición combativa del clase, a bajar su moral y su disciplina.

La experiencia nos dice que allí donde los militantes no se han organizado en organismos de núcleo, zonales y regional el Movimiento no progresa; se echa atrás en todo sentido.

La falta de organismos es reemplazada a veces por los grupos. Estos grupos son creados por compañeros que deseen discutir, planificar y trabajar las cosas de la revolución únicamente con determinados compañeros. Alegan lo que sea para justificar esta actitud: “que yo no trabajo con fulano porque está fichado”; “que yo no le entrego mis contactos a mengano porque le falta preparación”. Estos compañeros están acabando con la organización aunque creen que no es así. Dentro de estos “grupos de amigos” la crítica y autocrítica no funciona. En los “grupos de amigos” todos están a gusto, cada cual le tapa a su “amigo” las fallas y trabajan tranquilos sin mayores presiones ni vigilancia. En estos “grupos de amigos” como en las aguas contenidas de un pantano se van generando toda serie de virus y pestilencia y la infección cunde por doquier. Allí se anidan y se fortalecen todas las desviaciones del oportunismo y del liberalismo dentro de la organización. El oportunista quiere estar en su propio organismo, con sus compinches, donde le toleren sus indisciplinas, sus planes subjetivos, sus afanes caudillistas. Estos “grupos de amigos” no obedecen a ninguna dirección, y por decirlo así, se han convertido en una especie de movimiento dentro del Movimiento, estimulados por los elementos oportunistas y liberales que han sido tradicionalmente miembros de la dirección nacional.

El desorden interno tiene otras manifestaciones que son ya hábitos establecidos contra el centralismos democrático, la dirección y la responsabilidad colectivas. La dirección del Movimiento en etapas pasadas, inclusive en la actual, ha descuidado la vinculación que debe mantener en forma permanente con los organismos inferiores. La descoordinación entre la dirección y la base quebranta la democracia y el centralismo, y va creando como resultado natural, como fenómeno inevitable, la anarquía e indisciplina.

Cuando la dirección no está en coordinación ni contacto con la base, suceden dos cosas: por un lado la dirección ignora el pensamiento de la base, situación tal del Movimiento y sus diversos problemas; ignora el resultado de determinados trabajos y el acierto o equivocación en la práctica de determinadas orientaciones, y todo por no practicar la democracia interna. La dirección en estas condiciones cae inexorablemente en el subjetivismo al tratar de trazar nuevos planes, nuevas consignas u orientar nuevos trabajos, y en resumen, no puede ejercer el centralismo. Por otro lado la base aislada de la dirección adopta criterios particulares sobre los problemas políticos, organizativos y hasta ideológicos, como sucede en la actualidad, y los citamos a manera de ejemplo, con el frente unido. Hay regionales y organismos inferiores que asumen posiciones distintas y contradictorias sobre el frente unido y otros problemas de vital importancia. Esta descoordinación hace posible una anarquía poltica y organizativa que es causa cercana de la indisciplina.

La dirección de un partido revolucionario, sea cual fuere la situación en que se encuentre, la gravedad del momento histórico que le toque y la trascendencia de las tareas políticas y militares que se vea precisada a encarar, debe tener siempre una línea definida para cada situación, un criterio claro sobre cada problema, una respuesta orientadora a cada dificultad del trabajo práctico. Por eso la dirección del partido del proletariado debe estar integrada por los compañeros de mayor preparación ideológica, por compañeros probados en su posición de clase, en su moral revolucionaria, por los más destacados en los trabajos de organización, por los mejores luchadores del proletariado, por los combatientes de vanguardia, por los mas valientes y abnegados revolucionarios.

La vinculación de la dirección con la base ha de ser permanente y se debe sostener mediante la publicación periódica de boletines internos que traten sobre problemas ideológicos y prácticos. La dirección debe insistir sobre los asuntos más importantes y sobre los problemas que presentan mayores dificultades por la complejidad de la situación concreta, y debe producir materiales de educación al respecto.

Los compañeros de dirección deben recibir a su vez, de manera regular, informaciones de los organismos medios y de base, y estudiar y solucionar los problemas que estos presenten.

Otras prácticas que van en contra de la dirección y la responsabilidad colectivas del Movimiento son las que efectúan algunos compañeros que se colocan por encima de los organismos, los suplantan o creen suplantarlos e intentar echarse sobre sí todas las tareas de estos. Un solo compañero quiere hacer los trabajos de una célula, de un zonal, de un regional. Todas las cosas se centralizan sobre él y de él dependen. Son verdaderos “hombres orquestas” dentro del Movimiento. Tocan campanas, ofrecen la misa, pronuncian el sermón, recogen la limosna y sacan lo procesión. Ellos hacen por todos o creen hacer por todos. Estos compañeros producen doble daño: en primer lugar se atiborran de tanto trabajo que al final incumplen o dejan las cosas a medias, y en segundo lugar anulan a otros compañeros por ser nuevos en la organización o por escasa preparación y experiencia políticas. Muchos compañeros han sido marginados del Movimiento por estos procedimientos equivocados.

Se nos puede decir que por falta de organismos se centralizan la responsabilidad en uno o dos cuadros, eso es cierto, pero el error radica en tolerar esa situación como línea orgánica, en lugar de orientar el trabajo organizativo hacia la creación de organismos y delegar a estos responsabilidades.

Hay compañeros que piensan que los organismos no se deben crear hasta que los militantes no tengan un alto nivel ideológico, y separan así la preparación y educación políticas de la practica revolucionaria. La mejor manera para avanzar en la preparación y educación de un militante es integrándolo a un organismo en donde crea la vigilancia del organismo superior se practique la crítica y autocrítica, el centralismo democrático y la dirección colectiva, el estudio y la discusión de los materiales educativos y de las orientaciones políticas del Movimiento, a la vez que se cumpla con tareas concretas entre las masas. Un militante que estudia únicamente que estudia en los textos de los ideólogos del proletariado lo que es un partido marxista-leninista, lo que es la disciplina revolucionaria, lo que es el frente unido, una base de apoyo, tendrán una visión de estas cosas fundamentales; pero sólo el encarar el problema de fortalecer el partido, de practicar la disciplina revolucionaria, de trabajar dentro del frente unido o de ayudar a la preparación de una base de apoyo, adquirirá conciencia plena de estos problemas, lo aprendido por él en los libros tendrá entonces un significado útil. Todo militante debe empezar a hacer vida de partido desde el mismo momento en que se afilie al MOEC, y empezar a combinar al estudio con la practica.

CRECIMIENTO ORGÁNICO MAL ENTENDIDO

Con el problema de los nuevos afiliados y el crecimiento de la organización se ha caído en dos errores: extender la organización en lugar de profundizar el trabajo organizativo y desarrollar de manera desigual las tareas organizativas. Con estos errores se destruye el Movimiento aunque se crea que se está construyendo. El `problema de la construcción del Movimiento no radica únicamente en aumentar la militancia, los compañeros que piensan así caen en el liberalismo. El partido comunista solía colocar en su periódico "Voz de la Democracia" avisos de propaganda con leyendas como esta: “Afíliate al Partido Comunista de Colombia; recorta ese cupón y llénalo..” cualquiera podría afiliarse al Partido Comunista; así aumentando el número de su militancia considerablemente. El MOEC no debe hacer esto. Nada conseguimos con extender la organización a todo el país y aumentar altamente el número de nuestra militancia, si los compañeros que vinculamos son de baja calidad revolucionaria y no son decididos luchadores de la causa obrera, o si no estamos en condiciones de organizar, educar y orientar los nuevos militantes que afiliamos y los dejamos sueltos como sucede a menudo. A esto se debe en gran parte el fenómeno que analizábamos atrás de militantes sin organismos ni vinculación efectiva al Movimiento. Este error no tendría mayor trascendencia si no se corriera el riesgo de introducir al enemigo de la organización con cada nuevo militante. Al hablar del enemigo aquí no nos referimos únicamente a los agentes de los aparatos de inteligencia del gobierno y de la CIA, nos preocupan también los vicios, las malas costumbres, la moral enemiga, la ideología enemiga que pueden infiltrarse en la organización.

Siempre que se vaya a vincular a un nuevo militante, se deben estudiar las condiciones del compañero, sopesar su pasado, conocer su posición de clase, su odio al enemigo, y su amor por el pueblo. Además se le debe poner a prueba e investigar si es la resolución de lucha lo que en verdad lo llevó a solicitar la militancia. Cada aspirante debe recibir explicación precisa sobre la calidad de compromiso que contrae con la revolución y el pueblo de Colombia, como el honor que significa el pertenecer a la vanguardia antiimperialista.

Cuando entra un nuevo compañero la organización se fortalece o se debilita. Si el nuevo compañero tiene calidad revolucionaria, posición proletaria, preparación ideológica, el Movimiento se ha fortalecido. Si el nuevo compañero es honesto con la revolución, aunque no tenga preparación, también se ha fortalecido, porque ahí hay material para crear un verdadero cuadro y ya la responsabilidad corre por parte de los viejos militantes. Pero si el nuevo militante es deshonesto y se ha vinculado por razones mezquinas, sed de aventuras, frustración personal, pretensiones, caudillistas, el Movimiento ha infiltrado un enemigo, porque ese elemento será un lastre siempre y en él tendrán eco todas las tendencias antirrevolucionarias. Lamentablemente el Movimiento ha vinculado muchos elementos asquerosos, con moral burguesa, que nos han causado daño.

Hemos vinculado elementos porque tienen algún prestigio. Unos fueron combatientes de la pasada contienda civil, que adquirieron renombre por sus acciones y quienes los vincularon creyeron que el prestigio del MOEC aumentaría por tener militantes de “prestigio”. Con esto se ha especulado mucho. Otros fueron elementos que pregonaban a los cuatro vientos sus 15, 20 o 40 años de la lucha “teórica” y presentaban una hoja de vida al servicio de cuanta organización o movimiento ha surgido en Colombia en el último medio siglo. Quienes vincularon a esta última clase de elementos creyeron que el nivel ideológico y teórico del Movimiento crecería.

Estos ejemplos son para probar cómo nos hemos afanado por extender el Movimiento, por hacerlo crecer, sin profundizar el trabajo organizativo. Qué fácil sería entonces crear un partido revolucionario si todo se redujera a vincular gente nueva y uno que otro elemento de prestigio. Profundizar el trabajo organizativo es poner en práctica, el marxismo-leninismo, mirar en los nuevos afiliados su posesión de clase, decisión de lucha, su preparación ideológica y consolidar la organización en todo sentido antes de emprender nuevos trabajos de expansión. Los compañeros que caen en este error de extender el Movimiento sin profundizar el trabajo organizativo destruyen la organización. Hay experiencias concretas de esto en Santander y Antioquia. Cuando apenas existía una docena de militantes se planearon múltiples trabajos en regiones distintas y distantes. Los cuadros se separaban, iban y venían, gastaban grandes recursos y al final no había organización ni en la ciudad ni en el campo; con todo mundo se quedaba mal, y lo que es peor, el organismo inicial se disolvía. Esa dispersión de esfuerzos es producto del subjetivismo en los planes. Un organismo no debe emprender planes subjetivos, idealistas, utópicos, fantásticos, planes que no están al alcance de su capacidad porque termina desapareciendo, le pasa lo del hombre que quiere levantar un peso superior a sus fuerzas, se quiebra.

Desarrollar en forma desigual las tareas organizativas consiste en atender la organización en un sentido y descuidarla en otro. Nosotros hemos crecido numéricamente pero hemos descuidado el nivel ideológico del Movimiento. Estas tareas deben ser incrementadas paralelamente: mientras más se crece mayor debe ser nuestra capacidad política para resolver los nuevos problemas. Se presenta el caso de regionales que no pueden atender la educación de sus núcleos por falta de instructores, y entonces empiezan los compañeros a pedir instructores a la dirección nacional; pero no se dicen: “hagamos instructores revolucionarios”. En verdad los instructores revolucionarios que ahora tenemos son los compañeros preparados en cursos especiales, y eso no todos, porque la gran mayoría de estos han fallado, y hoy, o están marginados de todo trabajo revolucionario o han sido sancionados por faltas graves. Los instructores que tenemos en la actualidad no alcanzan a atender las tareas educativas de toda la organización. Por otro lado los materiales educativos son escasos, es decir, hemos abandonado este frente. El otro caso en la educación ideológica, que es una de las causas determinantes de la anarquía interna, demuestra cómo sin un desarrollo coordinado de todas las tareas no se construye organización. Si aumentamos la militancia hay que aumentar los instructores; si aumentamos nuestra influencia entre las masas, debemos elevar el nivel político de la militancia.

CRÍTICA SÍ, AUTOCRÍTICA NO

A los largo de la historia del Movimiento se ha hecho mal uso de esa herramienta que tiene los partidos obreros para corregir los errores y alcanzar las más altas metas de organización y acierto en la dirección de los procesos revolucionarios. Esa herramienta, que no la tienen los partidos burgueses, es la crítica y autocrítica. Nosotros no la utilizamos o la utilizamos mal y por eso no hemos gozado de sus beneficios. En primer lugar nos gusta más la crítica que la autocrítica. Resulta cómodo ver los errores del compañero y desconocer los propios.

En el Movimiento hay compañeros que son críticos rabiosos de las fallas de las otras organizaciones que se dicen revolucionarias, compañeros que cuando necesitan hacer fe de su antimamertismo levantan la voz y le acusan las cuarenta al Partido Comunista de Vieira, y quieren demostrar así su verticalidad revolucionaria, pero se olvidan que ellos tienen un gran deber con el pueblo colombiano -o por lo menos así lo han dado a entender al afiliarse al MOEC- el de crear el partido que dirija la revolución. Olvidan que nuestras fallas favorecen al revisionismo, o creen que a este se le derrota con la lengua. La lucha contra el enemigo es concreta, el objetivo es quitarle el poder y exterminarlo para que siempre, y para eso necesitamos una vanguardia que en primera línea de fuego vaya señalando el camino orientando a las masas. En la lucha política revolucionaria como en la guerra revolucionaria no valen excusas; el enemigo pega fuerte, asesina, encarcela, explota y engaña a las masas; hay que contrarrestar los golpes del enemigo, y pasar a la ofensiva, crear un partido marxista-leninista, crear un ejército popular y sacar del engaño a las masas. Para derrotar al enemigo hay que saber cómo hacerlo, se necesita una línea estratégica y táctica que produzca victorias al proletariado. Si los revisionistas no tienen esa línea estratégica y táctica que produzca victorias al proletariado, el deber de los revolucionarios es crear esa línea; si los revisionistas no le dan un partido marxista-leninista a las masas para que las dirija, el deber de los revolucionarios es crear ese partido; si los revisionistas no le dan a las masas el brazo armado, el deber de los revolucionarios es crear ese brazo armado. En la lucha contra el imperialismo y el revisionismo no vales las cañas, no vale tapar nuestros errores con el manto de la crítica porque los resultados prácticos nos destapan. Mera basura hubieran sido los ataques de Lenín a los mencheviques si en la práctica no hubiese ayudado a construir el Partido Comunista que fundó la primera sociedad socialista y la práctica no hubiese comprobado la justeza de esos ataques. A nadie convencerían los compañeros chinos, cuando desenmascaran a los revisionistas actuales, si en la práctica no estuvieran colaborando efectivamente con los pueblos en la lucha por su liberación nacional y en la práctica no estuvieran cumpliendo fielmente con los deberes del internacionalismo proletario.

En el Movimiento hay compañeros que se escudan en la crítica para ocultar su incapacidad política, para ocultar su deficiencia en el trabajo durante años, para ocultar la gran falla de no haber podido crear, aunque sea en embrión, una verdadera organización marxista-leninista. Quien no trabaja por construir y fortalecer la vanguardia marxista-leninista no tiene derecho a criticar, quien no reconoce y corrige sus errores no tiene autoridad para criticar.

La crítica cuando se utiliza con fines obscuros, destruye la organización; porque se convierte en una arma para acabar con compañeros, y así la han usado quienes plantean criticas fuera de los organismos, levantan calumnias, y hacen circular chismes.

En la lucha interna contra las tendencias equivocadas, la crítica de los errores no ha servido para educar a la militancia, porque se ha utilizado únicamente como acusaciones, sin ninguna explicación ideológica ni teórica. Siempre que se haga una crítica, se debe plantear a su vez la solución al problema, o sea señalar cual debe ser la conducta y el camino a seguir.

En el Movimiento abundan los casos en que se hace crítica a un militante y se llega hasta la sanción porque ha cometido determinado error; sin embargo se deja pasear el mismo error en otro militante y se es conciliacionista con él hasta la indulgencia. Ahí se demuestra la doble moral de muchos oportunistas. Citemos un ejemplo: hay elementos que han robado y despilfarrado los fondos de la organización y por eso han sido sancionados con la expulsión del Movimiento. Muy bien. No obstante otros militantes han cometido el mismo error, han dilapidado los fondos, los han utilizado en negocios, y continúan como antes como siempre, sin recibir una crítica, severa por esos hechos ni definir su situación frente al Movimiento. Esta doble posición ante un mismo error es la que impide que la crítica acertada en un caso produzca efectos moralizadores. Esta doble posición es un oportunismo y concilianismo de la peor laya.

La crítica y autocrítica son un medio para llevar la lucha interna, para educar a la militancia e ir desalojando del Movimiento la ideología y los rezagos burgueses Pero hay compañeros en el Movimiento que reciben la crítica como oír llover, mueven la cabeza, acaso, en un gesto afirmativo y continúan en las mismas, cometiendo de nuevo los errores por los cuales fueron criticados. La critica se debe tomar, cuando esta es justa, como una lección que nos sirve para avanzar en nuestra preparación revolucionaria. La crítica cuando no produce la corrección del error es inútil. Consentir una crítica así en el Movimiento, una crítica inútil es destruir organización.

También se presentan casos de compañeros que se autocrítican en una reunión, reconocen determinado error y dicen estar resueltos a no volver a cometerlo. Al poco tiempo reinciden en el mismo error, mofándose de la seriedad de la autocrítica y dando mal ejemplo. Esta clase de elementos no se deben tolerar en el partido proletariado, ni los que se burlan de la crítica ni los que se burlan de la autocrítica. Consentir una autocrítica de mentiras, “por no dejar”, es también destruir organización.

LA DISCIPLINA TIENE BASES CONCRETAS

Después de todas las consideraciones que hemos hecho sobre las irregularidades en el aspecto organizativo, ya se podría concluir que “la disciplina férrea necesaria para la victoria del proletariado”, de que nos habla Lenín, esta muy lejos de ser una cualidad del Movimiento. No está por demás estudiar algunas situaciones concretas que reflejan el espíritu de indisciplina y señalar sus causas.

(No olvidar que en el desarrollo de este material, analizaremos primero las características que adoptan las tendencia nocivas y los errores en nuestra organización y después trataremos de determinar sus causas, con el objeto de darle solución a estos problemas: las causas fundamentales de las desviaciones en el Movimiento, es la base social que las estimulan, las influencias internas, etc, las contrataremos en las raíces mismas de la historia de nuestra organización y trataremos de desentrañarlas cuando nos ocupemos de aquellas específicamente en los capítulos finales).

Muchos compañeros al encarar el problema de la disciplina se limitan a repetir como loros algunas fórmulas leninistas aprendidas: “el centralismo debe estar basado en la democracia”, “la democracia debe ser dirigida por el centralismo”, “los organismos inferiores deben obedecer a los superiores”, “la minoría se someterá la mayoría”, y creen que con la enunciación abstracta de estos principios organizativos ya tendremos disciplina, o sabremos porqué no existe disciplina en el Movimiento. Se habrán preguntado alguna vez estos compañeros porqué no aplicamos estos principios organizativos que definen la disciplina? Porqué ha sabido en el Movimiento brotes de franca insubordinación, como en el caso de Bolívar? Por qué existen militantes que entran y salen del Movimiento confundiendo la organización con un hotel? Si se hicieran estas preguntas su respuesta sería: “porque los compañeros de Bolívar confunden al Movimiento con un hotel, no se sometieron al centralismo lo que es un acto de indisciplina”. Pero porqué no se sometieron al centralismo? Porqué no respetan las normas que rigen la organización?. Estos compañeros no dan una respuesta al problema y creen que la “disciplina férrea” de un partido marxista-leninista se logra porque sí, sin que nada tengan que ver las falsas concepciones de la dirección, el bajo nivel ideológico de la militancia, el divorcio del Movimiento con las masas ni la falta de una teoría revolucionaria.

Veamos que dice Lenín al respecto:
“Cómo se mantiene la disciplina del partido revolucionario del proletariado? Cómo se comprueba?, cómo se refuerza?. Primero, por la conciencia de la vanguardia y por la fidelidad a la revolución, por su firmeza, por su espíritu de sacrificio, por su heroísmo. Segundo, por su capacidad de ligarse, de acercarse, y hasta cierto punto, si queréis, de fundirse con las más amplias trabajadoras no proletarias. Tercero, por lo acertado de la dirección política que ejerce esa vanguardia, por lo acertado de su estrategia y de su táctica políticas, a condición de que las masas más extensas se convenzan de ello por experiencia propia. Sin estas condiciones es imposible la disciplina de un partido revoluionario verdaderamente apto para ser el partido de la clase avanzada, llamada a derrocar a la burguesía y a transformar toda la sociedad. Sin estas condiciones los intentos de implantar una disciplina se convierten, inevitablemente en ficción, en una frase, en gestos grotescos. Pero, por otra parte, estas condiciones no pueden brotar de golpe. Van formándose solamente a través de una labor prolongada, de una dura experiencia; su formación se facilita con una acertada teoría revolucionaria que, a su vez, no es un dogma, sino que sólo se forma de una manera definitiva en estrecha conexión con la experiencia práctica de un movimiento verdaderamente de masas y verdaderamente revolucionario" (2).

En el Movimiento abundan los casos de compañeros que después de meses de estar afiliados no reciben educación revolucionaria, y su nivel ideológico continúa bajo indefinidamente. A veces estos militantes de escasa preparación ideológica, son sometidos a un curso militar y se cree que quedan aptos para atender los grandes problemas de orientación de la revolución y vinculación a las masas, cuando en verdad la mayoría de estos compañeros adquiren una concepción militarista de la revolución y son aprovechados por los oportunistas en sus planes aventureros. En el fracaso de Bolívar se observa este fenómeno. La mayoría de compañeros le daban mayor importancia a la cuestión militar que a la cuestión política y organizativa, y ninguno planteó respeto por el centralismo, por la disciplina, porque la concepción militarista y desesperada de la lucha revolucionaria que los caracterizaba no les permitía hacerlo.

El militante de una organización revolucionaria, cuando es honesto y tiene decisión de lucha, se somete a la disciplina y obedece las orientaciones que traza la dirección, Cuando la dirección se equivoca, porque se ha trazado a una línea errónea en el aspecto político o en el aspecto militar, en el campo ideológico o en el campo organizativo, o cuando la dirección ha abandonado sus responsabilidades, este militante honesto critica, pero permanece fiel a la disciplina de su partido y de su dirección. Si los errores se repiten y se repiten y no se advierte voluntad de corregirlos, o la descoordinación entre la dirección y la base es completa, y porque con estas causas se nota un retroceso organizativo, este militante empieza a dudar de su dirección y llega el momento, en que, con todo derecho, no se ve obligado, no como militante ni como revolucionario, a obedecer estupideces o a soportar largos períodos de inacción. Es en estos análisis donde vemos cómo una dirección equivocada, incapaz, aislada de la base, estimulaba indisciplina y en el extremoizquierdismo, hace posible casos como el de Bolívar, en los que compañeros desesperados quieren producir hechos porque no se ve trabajo, no se reciben orientaciones acertadas de la dirección.

Y qué decir cuando los elementos que integran la dirección, como lo veremos más adelante, son autores de actos de indisciplina, no de hoy sino de siempre? Señalemos un caso: a principio del 1964 el Secretario Militar del último Comité Ejecutivo, Luis Francisco, dio instrucciones personales a un compañero para que desarrollara misiones en el exterior, sin consultar a la dirección, de la cual en ese momento no hacía parte; tampoco planteó sus intenciones a otro organismo, ni al Comando del Exterior, que no tuvo en cuenta para nada, en fin, se trataba de una misión personal, de una orden personal, de una franca violación de los principios organizativos que nos rigen y de la disciplina revolucionaria. Si los autores de estos errores son tolerados en el Comité Ejecutivo Nacional, qué orientación de partido, qué disciplina de partido se puede esperar a otros niveles? Sin embargo a estos elementos se les tolera, se miran estas indisciplinas como “afán revolucionarios de hacer cosas”, no se les critica, ni se les pide que reconozcan sus errores; por eso llegan a la dirección mostrando una hoja de indisciplinas que no corrigen, a imponer métodos unilaterales de trabajo como las “órdenes” personales, las “misiones” y “planes” que no controla la organización.

Cuando un partido que se dice revolucionario no aplica consecuentemente una línea de masas, para lo cual se requiere una teoría acertada, una interpretación justa de las condiciones del país, una línea estratégica y táctica aplicable, se convierte en un partido de “élite”, de aristócratas de la revolución, que nadie los fiscaliza y que no saben si lo que piensan es cierto o no, porque no lo comprueban en la práctica. Estos señores obedecen a su pensamiento y a nadie más. Su capricho es su “partido”. Son andarines incorregibles de movimientos y grupos revolucionarios. Entran y salen de las organizaciones, mofándose del pueblo y haciendo lo que les venga en gana. Cuando se cansan de un partido lo cambian como cambiar de ropa interior. Estos elementos donde vayan son indisciplinados, y cuando han entrado al Movimiento, tenemos varios ejemplos, se burlan de las normas organizativas, aprovechándose de nuestra debilidad, que proviene precisamente del divorcio de las masas. Cuando el partido del proletariado se vincule efectivamente a las masas estos trota partidos de la revolución no podrán entrar y salir a la hora que lo deseen, porque entonces si tendrán su “tate quieto”. Las masas los señalarán como hoy los señala nuestra organización como elementos inestables, indisciplinados, vagabundos. La mayoría de estos elementos son de extracción pequeño-burguesa, que llegan a las organizaciones revolucionarias con la ambición de hacer una rápida y fulgurante carrera política, pero cuando la revolución les encomienda las tareas menos brillantes o los coloca en las posiciones menos destacadas, se sienten incómodos, degradados en su categoría de “líderes” y “teóricos” de la revolución, empiezan a censurarlo todo dentro de la organización, a desconocer las normas disciplinarias y terminan saliéndose por su cuenta y riesgo porque el "Movimiento no vale nada". Solamente cuando el Movimiento tenga un respaldo de masas, una base de militantes preparados ideológica y políticamente que practiquen una verdadera vigilancia revolucionaria, podremos tener una disciplina férrea respaldada por fuerzas concretas que la harán posible; entonces todos los miembros de la organización se verán impelidos a someterse sin excepción a las normas organizativas.

En la actualidad tenemos posibilidades de poder implantar una disciplina férrea dentro del Movimiento porque hemos descubierto, gracias a la experiencia, muchas de las causas del espíritu de indisciplina y las estamos combatiendo. Sabemos que sin preparación ideológica no hay disciplina, que sin una dirección acertada, honesta, no hay disciplina, que sin una teoría revolucionaria no hay disciplina. Además hoy la labor de la vinculación a las masas del campo y de la ciudad ya es una realidad en varios regionales, lo que nos da fuerza organizativa de gran valor. Siempre que ahondemos nuestra vinculación a las masas, la disciplina del Movimiento se reforzará y dejará de ser cada vez menos una fórmula abstracta. Para poder pensar en una verdadera disciplina leninista de partido, tuvimos que corregir este largo camino de siete años de lucha y sufrir dolorosas experiencias.

Capítulo II

FALLAS DE DIRECCIÓN

Hemos dicho que el segundo problema fundamental del Movimiento es la falta de una dirección marxista-leninista.

Entremos a estudiar este problema.

Es conveniente precisar ante todo que la dirección de un Movimiento revolucionarios, su línea estratégica y táctica, sus concepciones teóricas y políticas, sus directrices más generales y básicas, las traza el máximo organismo, o sea el congreso, aplicando para ello el principio de la democracia interna, con el objetivo de que todos los militantes tengan la oportunidad de conocer, por un lado, los problemas del Movimiento y de la revolución, y por el otro, puedan opinar y decidir sobre estos. Del Congreso, en el caso del MOEC, sale un Comando Nacional y de éste un Comité Ejecutivo, que se supone sea la expresión de la línea trazada, encargado de aplicarla y de ejercer el centralismo.

En la práctica pueden suceder varias anormalidades: que la militancia no sea enterada de la situación interna del Movimiento y de su participación real en el proceso revolucionario, y por lo tanto no esté en condiciones de decidir acertadamente lo que se debe hacer en el futuro; también puede suceder que la dirección ejecutiva elegida no lleve a la práctica los mandatos y lineamientos del Congreso, y finalmente puede suceder que el Congreso se equivoque por superficialidad en el análisis de las situaciones, por ignorancia, por bajo nivel ideológico y político, por prevalecimiento de las desviaciones oportunistas, etc. Muchas de estas anormalidades han sucedido dentro del Movimiento, patrocinadas por elementos oportunistas que generalmente y por largos períodos han controlado los organismos de dirección.

En la actualidad la corriente oportunista del Ejecutivo salido del IV Plénum ha encontrado una fuerte oposición por parte de una porción minoritaria de su seno, pero respaldada por la mayoría de cuadros preparados y muy honestos que trabajan decididamente por el fortalecimiento ideológico, político y orgánico del Movimiento. Las contradicciones internas han llegado a su punto culminante dentro del Comité Ejecutivo Nacional.

El último ejecutivo presentó desde sus comienzos divergencias que fueron ahondándose con el trabajo práctico. Estas divergencias eran graves porque trataban sobre cuestiones de principio, y comenzó a notarse que había dos concepciones bien marcadas sobre los siguientes asuntos:
a) Sobre el carácter del Movimiento, sus métodos de trabajo y su papel dentro de la lucha revolucionaria colombiana.
b) Sobre la base social fundamental que en el campo y la ciudad debe integrar el Movimiento y el Ejército Popular de Liberación.
c) Sobre el comienzo y desarrollo de la guerra popular.
d) Sobre la interpretación y la práctica del internacionalismo proletario.
e) Sobre las organizaciones legales y de masas del Movimiento y su control.

Una concepción trata de ceñirse a los principios del marxismo-leninismo y la otra, abiertamente de derecha, hace parte de la corriente liberal y oportunista que ha controlado la dirección del Movimiento durante largos años. Analizaremos el criterio de la corriente oportunista sobre lo que debe ser el MOEC, lo que es la Guerra Popular, lo que es el internacionalismo proletario y lo que son las organizaciones de masas a través del estudio de las características de esta tendencia dentro del Movimiento. El criterio de la otra tendencia sobre los asunto enumerados lo sabremos a través de la crítica que formulamos en el presente material.

La tendencia oportunista ha echado hondas raíces dentro del Movimiento y su influencia demoledora data de tiempo atrás. Nos remontaremos a hechos pasados, aunque no hayan sucedido bajo la dirección del último Comité Ejecutivo, porque muchos de esos hechos nos demuestran en la práctica lo que piensan los oportunistas y las consecuencias desastrosas que producen.

Las características principales del oportunismo en el MOEC han sido:

1. Desprecio por la construcción ideológica y orgánica.
En los trabajos de organización han utilizado métodos liberales que van desde la afiliación de nuevos militantes sin previo estudio de las condiciones del aspirante, hasta la elaboración de planes descabellados, utópicos, que exponen dentro y fuera de los organismos y del Movimiento. Estos elementos no consultan no aplican los principios marxista-leninistas para resolver los problemas propios del desarrollo interno. Predican la unidad, la que logran temporalmente mediante acuerdos personales y ocultan a la base, en lo posible, las luchas internas que se libran a niveles de dirección. Ellos no ilustran a la militancia sobre estas luchas internas y al obrar así lo hacen conscientemente porque dichas luchas son rebatiñas por el reparto de las posiciones burocráticas, de los dineros colectados por la organización, de la influencia en el exterior, de las becas y viajes a los países hermanos. Ellos temen que la militancia se entere de tanta porquería por eso se les oye decir a menudo que “cada cual debe saber lo que le corresponde y nada más”. Eso de que “cada cual debe saber únicamente lo que le corresponde” está bien y es justo para determinadas cuestiones de orden táctico, como en la preparación y ejecución de un plan que el enemigo puede interceptar y echar a perder. Pero en las cuestiones de orden estratégico, en las cuestiones de las divergencias sobre los principios, en las cuestiones fundamentales del desarrollo interno o sobre los errores que desvirtúan el carácter proletario del Movimiento, debe aplicarse la vigilancia colectiva y para los compañeros de dirección es un deber explicar estos problemas a la base. Nada hay mas contrario a la construcción ideológica y teórica del Movimiento que impedir la discusión sobre los problemas internos.

Una dirección de un Movimiento revolucionario que no sea capaz de sintetizar teóricamente las experiencias está faltando a la tarea de la construcción orgánica, porque cuando no hay conciencia de los errores cometidos y se desconoce las causas que los han generado, la organización persiste en sus concepciones equivocadas, camino del fracaso total. En Colombia hemos visto desaparecer grupos y organizaciones revolucionarios por carecer de una orientación acertada, que solo se alcanza mediante el estudio de los resultados prácticos de determinadas concepciones, con la finalidad de corregir los equívocos y las falsas estrategias. La mayoría de militantes del Movimiento sabe que en el curso de estos años hemos cometido errores graves por razones diferentes, como los fracasos, políticos y militares y la dilapidación de dineros; de esos fracasos y de esos dineros era responsable una dirección, cual es el criterio de esa dirección sobre estos problemas? Qué experiencias concretas sistematizó esa dirección de estos hechos? Dónde está el balance de su actuación y de la actuación del Movimiento durante los períodos de su vigencia? Se han sancionado por estos errores a varios elementos oportunistas; está bien estos hechos en una organización revolucionaria? Qué se debe hacer para que estos hechos no se repiten en el futuro? Nada dicen los oportunistas, no sintetizan las experiencias de estos errores.

Pertenecer a la dirección de un Movimiento revolucionario es una responsabilidad demasiado seria, que inútilmente pretende eludir ante el pueblo y la revolución quienes la aceptaron en un momento dado. En vano los elementos oportunistas que han estado durante tres años al frente del Movimiento tratan de esquivar la responsabilidad que les corresponde ante tantos errores de tipo político, militar y organizativo. Aunque quieran ocultar a la base y al pueblo sus errores no lo lograrán por que los resultados son concluyentes.

Un ejemplo del maniobrerismo y de la intención de los oportunistas de ocultar a la base la verdad de muchos hechos, es la manera como han orientado los congresos y los plenos del Movimiento. No hacen una previa preparación de estos eventos, por lo que se convierten en escenarios predilectos de los desplantes demagógicos y proselitistas, como las manifestaciones furibundas de antimamertismo y las apologías coléricas de la lucha armada. Pero allí no aparece un solo análisis serio de la situación nacional, ni una exposición sistematizada, teórica, de los problemas internos ni de las fallas políticas. Durante varios años se convocó esta clase de plenos y congresos, sin haberse logrado por ello mayores avances para el fortalecimiento de la organización.

Así se desarrolló el IV Plenum, que no aportó en el campo de la construcción teórica u orgánica mayor cosa. El IV Plenum fue la radiografía exacta del nivel ideológico del Movimiento: en él se trazaron directivas para remediar el caos interno y el análisis de la situación nacional fue muy pobre y superficial. Los oportunistas aprovecharon el bajo nivel político de la militancia para eludir la discusión sobre los problemas de la dirección y en cambio levantaron la bandera de la lucha armada demagógicamente ignorando todos los problemas ideológicos, políticos y organizativos, desconociendo la situación del Movimiento y muchos aspectos importantes de la realidad nacional. La crítica sobre todos los errores organizativos que hemos señalado en el capítulo anterior no se hizo, con la velada intención de que la base no se enterara de la incapacidad y de la descomposición moral y política de los niveles de dirección. El IV Plenum eligió un Comité Ejecutivo sin conocer realmente la verdadera historia del Movimiento, ni el papel que en ella han desempeñado los oportunistas.

El IV Plenum se equivocó por ignorancia, porque las maniobras de engaño de los oportunistas dieron sus efectos, los maniobreros llegaron al extremo de lograr la elección al Comando Nacional de dos compañeros que nunca habían pertenecido al MOEC; y uno de ellos quedó en la Secretaría de la Organización y Control del Comité Ejecutivo Nacional. Al final la maniobra no les dio resultado porque esos compañeros, que pertenecían a la Organización Revolucionaria del Cauca (O.R.C), comprendieron su error y renunciaron cuando se les dio la crítica. Los maniobrero creyeron encontrar en estos compañeros de la Organización Revolucionaria del Cauca seguidores firmes para fortalecer su posición interna (3).

En el último ejecutivo hay elementos oportunistas que se imaginan al Movimiento no como un partido marxista-leninista, sino un mero aparato subversivo. Entre estos, el más representativo de ellos, Luis Francisco, quién desempeñó la Secretaría Militar del último Comité Ejecutivo, considera al Movimiento como un aparato clandestino, cuya misión se reduce a abastecer los grupos guerrilleros del campo. Este elemento al analizar las causas del fracaso de la guerra civil pasada, en la que él tuvo participación, define cómo determinantes de éste la falta de fusiles y la ausencia de un aparato logístico que hiciera posible la ayuda de la ciudad y del extranjero.

Luis Francisco no comprende que la resistencia armada de los campesinos en los últimos años fracasó por falta de una dirección revolucionaria,; que la resistencia campesina estuvo controlada por sus propios enemigos, es decir, por sectores de la burguesía y de los terratenientes, de ahí la facilidad como los campesinos depusieron las armas ante los cambios de gobierno efectuado por la misma clase oligárquica dominante, sin que hubiese cambiado realmente su situación de parias y enajenados del campo.

De esta interpretación falsa de nuestra historia reciente parte el pensamiento íntimo de Luis Francisco y su concepción oportunista de lo que debe ser el MOEC, un mero aparato logístico, clandestino, que canalice la ayuda externa. Para él ha sido una obsesión esta idea y todos sus trabajos y planes han estado dirigidos a conseguir la ayuda externa. De esta concepción mercenaria, de que el MOEC debe ser un mero aparato logístico, se desprenden muchas cosas nocivas, como la de que la organización no necesita una clara y precisa ideología revolucionara, ni que los miembros integrantes del aparato clandestino deben ser producto de una minuciosa selección desde el punto de vista de clase. Esta es la expresión mas acabada del militarismo dentro del Movimiento. Reducir el MOEC a un aparato logístico que abastezca a la guerrilla es desviar los grandes objetivos revolucionarios de hacer del Movimiento la vanguardia organizada de la clase obrera, máximo destacamento de dirección de la lucha de liberación de nuestro pueblo; es supeditar la política al fusil; es ignorar las múltiples formas de lucha que adoptará el proceso revolucionario y es sostener un criterio mercenario del internacionalismo proletario.

Por eso es que los elementos oportunistas no hacen trabajo de penetración en las masas, ni de construcción de partido, porque lo fundamental para ellos son las armas. “Cuando tengamos armas nos vamos a organizar la revolución al campo”, dicen. A la militancia le repiten permanentemente: “Nosotros si sabemos que la cosa es con armas, porque los campesinos piden fusiles y nosotros se los vamos a dar, estamos esperando que nos lleguen”. Como los fusiles no llegan y cuando tuvieron recursos en sus manos los dilapidaron en asuntos que nada tenían que ver con la revolución, entonces no construyen partido ni en la ciudad ni en el campo. “Para qué nos vamos al campo sin fusiles”, concluyen. A estos elementos les decimos que el Movimiento no arma a las masas, el Movimiento dirige, organiza y educa a las masas, para que estas se armen en la lucha misma. No hay otro camino. En estos países de la América Latina van a representar tanto levantamiento espontáneo de los campesinos como ya se han presentado, que si a los partidos revolucionarios le tocará armar a cada uno de estos grupos alzados, nunca se haría la revolución. Las masas dirigidas y organizadas por el partido de la clase obrera conseguirán todos los fusiles que se necesiten para la guerra popular. Las masas paupérrimas y explotadas no compran las armas porque no tienen con qué, no las fabrican porque no tienen fábricas, no les queda más que un amino, quitárselas al enemigo, y eso es lo que hacen; eso es lo que está haciendo el pueblo de Vietnam, eso hizo el pueblo chino y el pueblo cubano y así tendrán que hacerlo los pueblos que se quieran liberar.

Como se ha visto a través de la trayectoria militar del Movimiento, de sus múltiples fracasos, el problema de la creación del frente armado no se soluciona con el simple traslado de determinados compañeros al campo, o con el apoyo creciente de la solidaridad internacional; es mucho más complejo y son muchas otras cosas más la que hay que hacer para su realización. El problema de la creación de la base de apoyo es eminentemente un problema político, que exige una organización severa del campo y de la ciudad, una disciplina férrea, una escogencia escrupulosa de los nuevos militantes con base a la selección de clase; pero indispensablemente se necesita una organización fuerte de vanguardia, capaz de hacer un análisis científico de la situación colombiana y de hacer una penetración de partido a las zonas rurales, si se quiere crear un frente armado con seguras perspectivas de éxito. Hay que hacer igualmente un estudio particular, completo, de cada zona rural, para acondicionar el trabajo de penetración a la situación local. Pero todas estas tareas se deben adelantar como organización disciplinada, tampoco se crea que el fortalecimiento de un MOEC disciplinado, con una teoría revolucionaria, es una tarea al margen de la creación del frente armado y del frente unido, no, a la medida que se acierta en la práctica, en el trabajo armado como en el trabajo legal, en la penetración al campo como en la organización de la ciudad, se va fortaleciendo el Movimiento y solamente así se fortalece el Movimiento.

Los elementos oportunistas han demostrado desprecio por la construcción ideológica y orgánica del Movimiento al utilizar un método liberal para la vinculación de los nuevos militantes, por lo que han entrado a la organización elementos sin ninguna calidad revolucionaria, algunos de extracción lumpen, verdaderos aventureros y hampones. No obstante muchos de estos elementos, pícaros y bandidos de profesión, fueron integrados porque los oportunistas los necesitaban para la feliz culminación de sus planes personales. De muchos de estos elementos se valieron los oportunistas para hacer negocios con los dineros de la organización, o para justificar las pérdidas elevadas de fondos. El error radica en no ver en quienes se van a afiliar su posición de clase, su honestidad revolucionaria, su nivel ideológico, sino el medio para la realización de oscuros propósitos, su amistad personal, su vínculo familiar; y en encomendarle precisamente a estos elementos las misiones más delicadas como la guarda o manejos de dineros de la organización.

Con el trabajo de penetración del Movimiento a las zonas campesinas también se cayó en errores de graves consecuencias al afiliarse a la organización antiguos combatientes de la contienda civil pasada, como si se tratara de guerrilleros revolucionarios. Esta orientación fue trazada directamente por la dirección oportunista en algunos casos o fue tolerada abiertamente por esta en otros. Aquí es donde mejor podemos observar la falta de un análisis serio por parte de la dirección del Movimiento sobre un aspecto tan importante de la situación del país. Dentro del Movimiento se dio por admitido que todo aquel que participó en la guerra civil desatada y controlada por la burguesía y los terratenientes era un revolucionario, y no solamente eso, sino que la organización debía hacer lo indispensable para atraerlo a su seno. Cómo se especuló, hasta el chantaje, con esta clase de militantes!

De dónde sacaron los oportunistas que los combatientes de la guerra civil pasada son necesariamente revolucionarios y que pueden pertenecer al Movimiento por haber sido combatientes? Si queremos tener respuesta a esta pregunta debemos deducirla de la práctica de los oportunistas, o de sus declaraciones y opiniones ocasionales en las discusiones internas, ya que los oportunistas en este caso, como en casi todos, por no decir todos, no respaldan su criterio con estudios teóricos ni investigan objetivamente. Ese criterio lo sacaron los oportunistas de su mentalidad mercenaria. Resultaba muy fácil y provechoso hablar de que el Movimiento tenía “guerrilleros” en sus filas, al promover el ingreso de antiguos alzados, aunque estos no supieran ni pizca de la naturaleza de la nueva lucha revolucionaria. Esto de tener “guerrilleros” afiliados le daba categoría a la organización, creían, y además les permitía especular dentro y fuera del país. A muchos de estos combatientes ni se les explicó de lo que se trataba. Simplemente les dijeron que pertenecían al MOEC, les hicieron, eso sí, promesa de una nueva guerra y a algunos les dieron colaboración económica o los llevaron al exterior. Los resultados de estos antiguos combatientes dentro del Movimiento no son en verdad positivos. Hay excepciones naturalmente, y las podríamos enumerar, de antiguos combatientes que en la organización se han comportado como auténticos revolucionarios. Entre los antiguos combatientes también existen luchadores populares con posición revolucionaria de clase que no se dejaron corromper por el enemigo. Son estas las cualidades que hay que buscar en los antiguos combatientes, o sea las mismas cualidades que debemos buscar y fomentar en los nuevos militantes, sean obreros, estudiantes, artesanos, campesinos o intelectuales. Pero no. Las cualidades de los oportunistas buscaban en los antiguos combatientes eran sus leyendas cargadas de hazañas, la impresión que entre las gentes causaban sus apodos popularizados por la prensa enemiga y cosas por el estilo.

La inmensa mayoría de los antiguos combatientes son elementos cargados de vicios y resabios que la burguesía les fomentó a su debido tiempo con la finalidad de desmoralizarlos. Algunos de ellos poseen en la actualidad grandes extensiones de tierras obtenidas en la guerra pasada, al expropiar a otros campesinos más débiles, y explotan a sus jornaleros como cualquier terrateniente. La revolución tendrá que enfilar baterías contra sus privilegios y no habrá más remedio que expropiarlos a la fuerza como ellos expropiaron a la fuerza a los campesinos desamparados. Sin embargo los oportunistas no observan la posición de clase de estos individuos y creen que porque fueron viejos combatientes, famosos algunos de ellos, son revolucionarios que pueden ingresar al Movimiento y encomendarles misiones de dirección y orientación de la lucha revolucionaria.

Al estudiar todas estas cosas podemos concluir qué clase de Movimiento quieren formar los oportunistas y vamos descubriendo las razones por las cuales el MOEC no ha cumplido con su misión histórica.