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La Teoría de los Tres Mundos

Prólogo

El «Diario del Pueblo» de Pekín publicó el primero de Noviembre de este año un extenso artículo con el siguiente título: La Teoría del Presidente Mao sobre los tres mundos constituye una gran contribución al marxismo-leninismo». En él se dá una respuesta sistemática a las dos preguntas claves con las que se enfrenta el proletariado revolucionario a nivel internacional: ¿Quiénes son nuestros principales enemigos? ¿Cuáles son las fuerzas unibles contra ellos?

Hemos juzgado muy conveniente que el texto de este artículo constituyera el segundo número de los «Cuadernos de marxismo-leninismo». Y ello por varias razones. La actual situación del mundo es presentada de forma deliberadamente confusa por los medios de comunicación de las burguesías monopolistas. Mucha gente de nuestro pueblo, incluso muchos revolucionarios y obreros conscientes, se sienten perplejos ante los acontecimientos internacionales, no saben ¿con qué carta quedarse?

Respecto a los Estados Unidos no hay dudas. Sus criminales intervenciones en Vietnam, en Camboya, en Chile, etc., los han desenmascarado sobradamente como una fuerza imperialista, agresora y explotadora, como un enemigo de los pueblos. Es la llamada «cuestión chino-soviética» ante la que muchos revolucionarios y obreros conscientes se sienten confundidos. Tanto China como la URSS se llaman a sí mismos países socialistas y dicen hablar en nombre de los intereses de la clase obrera de todo el mundo. Sin embargo toman posiciones opuestas ante la mayor parte de los acontecimientos y se denuncian mutuamente como centros de agresión y focos de guerra. ¿Por qué?

Los órganos de expresión de las burguesías bajo tutela de EE.UU. presentan la «cuestión chino-soviética» fundamentalmente, como un problema de geopolítica «Pekín se enfrenta a Moscú –dicen– por razones evidentes, siempre dos estados vecinos fuertes, acaban por chocar. Debajo de la disputa entre Moscú y Pekín no hay más que el eterno conflicto territorial entre los zares y los emperadores chinos». La idea que difunden es bien clara: «El internacionalismo proletario es pura palabrería, siempre han privado y siempre privarán sobre cualquier doctrina los intereses egoistas de cada Estado. Lo demás son fantasías propias de fanáticos o de ingenuos». Así intentan desalentar y desorientar a la clase obrera de todos los países.

La versión de la URSS, y de los órganos de expresión influenciados por ella, es similar: «China está gobernada por una camarilla nacionalista que antepone los intereses del estado chino a los intereses generales del proletariado mundial; esto les ha llevado a una alianza contra natura con el imperialismo americano». Es de notar que una y otra «explicación» tienen un punto en común, ninguna explica el problema en términos marxista-leninistas, en términos de clase y de lucha de clases. El texto que publicamos aventa estas cortinas de humo; las reduce a lo que son, afeites con los que el imperialismo, los imperialismos, pretenden ocultar su cadavérica faz.

En primer lugar fundamenta, partiendo del marxismo-leninismo, como la «teoría de los tres mundos» es una síntesis científica de la realidad objetiva de la actual lucha de clases a escala mundial. Así mismo explica, breve pero diáfanamente, el proceso de restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su transformación en una potencia socialimperialista. Analiza cómo este acontecimiento, junto con la desintegración del campo bajo la hegemonía del imperialismo yanki ha alterado toda la situación mundial, dando origen a «los tres mundos». El primero, formado por las dos superpotencias, USA y URSS. El segundo, formado por los países capitalistas que las dos superpotencias controlan o tratan de controlar, países europeos, Canadá, Japón, Australia, etc. Y el tercero, formado por los países coloniales y semicoloniales de Asia, África y América latina.

El principal enemigo de todos los pueblos del mundo son las dos superpotencias, de ellos el más peligroso es la URSS. Su mútua y enloquecida disputa por la hegemonía del mundo, conduce inevitablemente a la III Guerra Mundial. La fuerza principal de la lucha contra el hegemonismo y el imperialismo, la constituyen los países y los pueblos del tercer mundo. Los países del segundo mundo son fuerzas unibles en !a lucha antihegemonista ya que, si bien hacen todo lo posible por mantener su explotación y su control sobre los países del tercer mundo, a su vez sufren la intervención, el control y el atropello de las dos superpotencias. La clase obrera de los países del segundo mundo, al tiempo que lucha contra la opresión y explotación de la burguesía monopolista de su país, tiene que levantar la bandera de la independencia nacional y colocarse en primera fila de la lucha antihegemonista. Formar un Frente Único lo más amplio posible contra las dos superpotencias es la política revolucionaria que corresponde a los intereses del proletariado internacional. Únicamente a través de ella es posible aplazar el estallido de la III Guerra Mundial que, inevitablemente, las dos superpotencias van a desencadenar, y conseguir que los países y los pueblos del mundo estén., cuando esto ocurra, en las condiciones más favorables posibles.

Esta es la respuesta que dá el Partido Comunista de China a esas dos preguntas claves ¿Quiénes son hoy los principales enemigos del proletariado internacional? ¿Cuáles son las fuerzas unibles contra ellos? Respuesta que señala una clara línea de actuación a la clase obrera del mundo.

Redacción de «Arma del Pueblo» Enero, 1978.


LA DIFERENCIACION DE LOS TRES MUNDOS ES UNA TESIS CIENTIFICA SOBRE LA ACTUAL SITUACION MUNDIAL

La teoría del Presidente Mao sobre los tres mundos, síntesis científica de la realidad objetiva de la actual lucha de clases a escala mundial, es continuación, defensa y desarrollo de las tesis fundamentales del marxismo-leninismo.

En febrero de 1974, en conversación sostenida con un dirigente de un país del tercer mundo, el Presidente Mao dijo: «A mi juicio, los EE.UU. y la Unión Soviética constituyen el primer mundo; fuerzas intermedias como el Japón, Europa y Canadá integran el segundo mundo, y nosotros formamos parte del tercero». «El tercer mundo comprende una gran población» Toda Asia, excepto Japón, pertenece al tercer mundo; África entera pertenece también a éste, e igualmente América Latina».

Esta diferenciación es una tesis científica que se desprende del análisis del desarrollo de las diversas contradicciones fundamentales del mundo contemporáneo y de los cambios operados en ellas, análisis basado en la teoría de Lenin acerca de que nuestra época es la época del imperialismo y la revolución proletaria, en su teoría sobre el desarrollo desigual del imperialismo y la inevitabilidad de que los países imperialistas recurran a la guerra para repartirse de nuevo el mundo y finalmente, en su teoría según la cual el imperialismo trae como consecuencia la división del mundo entero en naciones opresoras y naciones oprimidas, con el proletariado internacional luchando al lado de estas últimas.

Para tener una correcta comprensión de la teoría del Presidente Mao sobre los tres mundos, debemos conocer los fenómenos políticos internacionales de nuestra época haciendo uso del materialismo dialéctico y partiendo de la realidad y no de los conceptos y, tal como lo señalaron Lenin y Stalin al tratar de la relación entre la cuestión nacional y la internacional, debemos hacerlo «en una escala mundial, y no aisladamente», «no desde el punto de vista de la democracia formal, sino desde el punto de vista de los resultados prácticos dentro del balance general de la lucha contra el imperialismo».

Aparentemente, la diferenciación del Presidente Mao de los tres mundos sólo concierne a las actuales relaciones entre Estados y entre naciones; pero, de lo que en el fondo se trata es precisamente de la cuestión clave de la lucha de clases de hoy en el plano mundial. La lucha nacional es, en último término, un problema de lucha de clases. Lo mismo ocurre con las relaciones entre Estados. Las relaciones entre Estados y naciones, que tiene como base las relaciones de clases, son muy complejas y están interconectadas. Si abordamos los problemas de manera abstracta y aislada, conforme al método idealista y metafísico, en vez de analizar en forma concreta los problemas concretos partiendo del conjunto de la lucha de clases internacional y teniendo en cuenta el tiempo, el lugar y las circunstancias, no sería muy difícil juzgar correctamente los fenómenos políticos en el plano internacional y diferenciar correctamente las fuerzas políticas del mundo.

Los marxista-leninistas se adhieren conforme e invariablemente a la posición del proletariado internacional, defienden con perseverancia los intereses generales de los pueblos revolucionarios del mundo en la lucha de clases internacional y persisten siempre en el programa máximo, que supone la sustitución del sistema capitalista por el comunista. Sin embargo, la situación de esta lucha es intrincada y diversa. La burguesía internacional jamás ha sido ni puede ser trasnacional, ha conocido una división tras otra debido a una influencia de las clases ajenas. Al desplegar la lucha en el plano internacional, el proletariado debe, según las posibilidades y las necesidades de diferentes periodos históricos, unirse con todas las personas unibles a fín de contribuir a desarrollar las fuerzas progresistas, ganarse a las intermedias y aislar a las recalcitrantes. Por consiguiente nunca es posible elaborar una fórmula inmutable para la división de las fuerzas políticas del mundo, vale decir, para la determinación de las relaciones entre nosotros -el proletariado-, los amigos y los enemigos en la lucha de clases internacional.

En 1921, después de la aparición del primer país socialista en el mundo, al hablar de las dos modalidades diplomáticas, la burguesa y la proletaria, Lenin dijo: «...en la actualidad existen dos mundos: el viejo, el capitalismo... y el nuevo mundo en ascenso...». En 1919, Stalin dijo: «El mundo se ha dividido resuelta e irrevocablemente en dos campos: el campo del imperialismo y el campo del socialismo». Esta tesis reflejaba, desde luego, las nuevas contradicciones fundamentales aparecidas en el mundo a continuación de la Revolución de Octubre. Sin embargo, Lenin y Stalin nunca consideraron que no existieran otras contradicciones fundamentales en el mundo y que fuera imposible otra clasificación de las fuerzas políticas mundiales. Veamos. En 1920, en su informe sobre la cuestión nacional y colonial ante el II Congreso de la Internacional Comunista, Lenin dijo: «El rasgo característico del imperialismo consiste en que,... todo el mundo se divide actualmente en un gran número de pueblos oprimídos y en un número insignificante de pueblos opresores, que disponen de colosales riquezas y de gran fuerza militar». A1 abordar la cuestión nacional en Los fundamentos del leninismo, obra escrita en 1924, Stalin afirmó: «El mundo está dividido en dos campos el que forman un pequeño puñado de naciones civilizadas, que poseen el capital financiero y explotan a la inmensa mayoría de la población del planeta, y el campo de los pueblos oprimidos y explotados de las colonias y de los paises dependientes, que forman esta mayoría». Esta tesis reflejaba la existencia de otro tipo de contradicciones fundamentales en el mundo. Estas dos clasificaciones hechas por Lenin y por Stalin son correctas sin duda alguna, y la diferencia entre la una y la otra reside únicamente en el punto de atención. A1 presentarse la necesidad de hacer una clasificación integral y específica de las fuerzas políticas mundiales en un determinado período de tiempo, Lenin y Stalin efectuaron una investigación general de las diversas contradicciones fundamentales del mundo.

E1 paso del sistema capitalista al socialista en escala mundial cubre un largo y zigzagueante proceso lleno de complejas luchas y, en los diferentes períodos de este proceso, se producen necesariamente distintos reagrupamientos dentro de las fuerzas políticas mundiales. Es en función de la realidad objetiva de la lucha de clases a nivel mundial como el proletariado debe diferenciar las fuerzas políticas mundiales y, sobre esta base, determinar la estrategia y la táctica a seguir en la lucha de clases. En esta oportunidad, en bien de nuestra comprensión de la teoría sobre los tres mundos, no dejaría de ser instructivo echar una mirada retrospectiva a algunos antecedentes históricos de la forma como Marx, Engels, Lenin, Stalin y el Presidente Mao diferenciaron las fuerzas políticas del mundo.

A1 examinar la cuestión de la lucha de clases de diversos países en su tiempo, Marx y Engels siempre partían de la situación general de toda Europa y del mundo entero, aunque sus actividades revolucionarias se realizaron principalmente en Europa Occidental. Ellos, por primera vez en la historia, lanzaron el gran llamamiento: «¡Proletarios de todos los países. uníos!», al tiempo que indicaron los inseparables vínculos que ligaban la causa del proletariado internacional con la lucha liberadora de las naciones oprimidas. Engels dijo: «Una nación no puede hacerse libre mientras continúe oprimiendo a otras naciones. Por tanto, la liberación de Alemania no puede realizarse sin que se efectúe la liberación de Polonia de la opresión por parte de los alemanes». Marx dijo: Después de ocuparme durante largos años del problema irlandés, he llegado a la conclusión de que el golpe decisivo a las clases dominantes de Inglaterra (ese golpe es de significado decisivo para el movimiento obrero del mundo entero) puede ser asestado no en Inglaterra, sino solamente en Irlanda». Marx y Engels prestaron gran atención no solamente a la lucha por la independencia de naciones europeas como Polonia e Irlanda, sino también a la lucha por la independencia de China, India y otros países situados lejos de Europa. Siempre enfocaron el movimiento nacional concreto y las diversas fuerzas políticas desde el punto de vista de los intereses generales del proletariado internacional. Por ejemplo, tal como lo indicó Lenin, «Marx defendía la independencia de Polonia desde el punto de vista de los intereses de la democracia europea, en su lucha contra la fuerza y la influencia–podríamos decir fuerza todopoderosa y dominante influencia reaccionaria–del zarismo». Engels dijo que uno de los méritos de Marx consistía precisamente en que fue él quien, antes que nadie, señaló en 1948 y, en adelante, subrayó más de una vez que, como el imperio ruso zarista constituía el bastión principal de las fuerzas reaccionarias de Europa, como venía abrigando ambiciones expansionistas respecto de Europa y buscaba hacer imposible el triunfo del proletariado europeo, «el partido obrero de Europa Occidental se ve obligado a librar una guerra de vida o muerte con el zarismo ruso». Hasta los últimos años de su vida, Marx y Engels tomaron constantemente el oponerse resueltamente o no a la política de agresión del imperio ruso zarista de aquel entonces como línea de demarcación para diferenciar las fuerzas políticas de Europa y juzgar si un movimiento nacional europeo debía ser respaldado o no por el proletariado internacional. Obviamente, al proceder así, no sólo no estaban echando al olvido la lucha de clases en el plano internacional, sino que, por el contrario, estaban velando por los intereses fundamentales del proletariado en esta lucha. ¿Qué debemos aprender de Marx y Engels en este terreno? Por lo menos lo siguiente: Primero, debemos, como Marx y Engels, saludar calurosamente el oleaje de la gran revolución nacional, que atrae hoy día a todos los países oprimidos y estremece el mundo entero, y considerarlo como premisa importante y segura garantía para la victoria del proletariado internacional; y segundo, al igual que Marx y Engels, prestar atención constante a las contradicciones entre los paises capitalistas y a la identificación del enemigo principal del movimiento obrero internacional y librar una lucha resuelta contra los bastiones principales de la reacción mundial en los momentos actuales el socialimperialismo soviético y el imperialismo norteamericano.

Lenin fue, en la historia, el primero en señalar que el mundo había entrado en la época del imperialismo y de la revolución proletaria, el primero en considerar la lucha antiimperialista de las naciones oprimidas como parte integrante del movimiento socialista del proletariado mundial, formulando la orientación estratégica de «Proletarios y naciones oprimidas de todo el mundo, unios». Ya en 1913, en su artículo «Vicisitudes históricas de la doctrina de C. Marx», escribió: «Aún no se habían cansado los oportunistas de ensalzar la paz social y la posibilidad de evitar las tormentas bajo la democraacia, cuando se abrió en Asia una nueva fuente de formidables tormentas mundiales. A la revolución rusa siguieron las revoluciones turca, persa y china. Hoy atravesamos precisamente la época de esas tormentas y de su repercusión en Europa».

En 1916, al tratar de la relación entre el movimiento revolucionario del proletariado internacional y el de las naciones oprimidas, escribió: «La revolución social no puede advenir sino en la forma de un periodo en el cual la guerra civil del proletariado contra la burguesía en los paises avanzados se une a toda una serie de movimientos democráticos y revolucionarios, comprendidos los movimientos de liberación nacional de las naciones poco desarrolladas, atrasadas y oprimidas». Estos puntos de vista de Lenin conservan su validez hasta la fecha.

Después de la Revolución de Octubre y el término de la Primera Guerra Mundial, Lenin hizo en 1920 el «Informe sobre la situación internacional y las tareas fundamentales de la Internacional Comunista» ante su II Congreso. En el informe, dividió con claridad en tres categorías los países del mundo, que entonces contaban con una población total de 1.750 millones de habitantes, y tomó esta división como punto básico de partida para determinar la estrategia y las tácticas del proletariado internacional. Dijo: «Este es a grandes rasgos el cuadro del mundo, tal como se vé luego de la guerra imperialista. Mil doscientos cincuenta millones de habitantes de las colonias, oprimidos –países desmernbrados como Persia, Turquia y China; países vencidos y reducidos a una situación colonial. (Por estos últimos Lenin se refería al Imperio Austro-húngaro, Alemania y Bulgaria, así como a la Rusia soviética, igualmente sumida por la guerra «en una situación equivalente a la colonial»– (Nota del Editor) No más de doscientos cincuenta millones habitan en los países que se han mantenido en la situación anterior, pero todos dependientes económicamente de Norteamerica, como durante la guerra dependían en el plano militar, pues la guerra abarcó el mundo entero y no permitió a país alguno permanecer neutral realmente. Y por último: no más de doscientos cincuenta millones habitan países en los que sólo la cúspide, desde luego, los capitalistas se beneficiaron con el reparto del mundo. (Lenin se refería aquí a países como EE.UU., Japón e Inglaterra–Nota del Editor)... He querido presentar este cuadro del mundo, pues todas las contradicciones básicas del capitalismo, del imperialismo, que conducen a la revolución, todas las contradicciones básicas del movimiento obrero, que condujeron a una lucha encarnizada contra la II Internacional,... Todo esto se relaciona con la división de la población del mundo».

¡Qué magníficas son estas palabras de Lenin! Es como si estuvieran dirigidas a la propia realidad de hoy en cuanto a la clasificación de las fuerzas políticas mundiales. Como Lenin prestaba mucha atención a las contradicciones entre las naciones oprimidas y las opresoras y a las existentes entre los países imperialistas, dividió los diversos países del mundo en tres categorías y vinculó estrechamente esta división con todas las contradicciones básicas del mundo imperialista y con las existentes en el movimiento obrero internacional; esta idea suya es diametralmente opuesta al oportunismo -«el socialismo burgués»- de la II Internacional, que siempre menospreciaba la lucha de las naciones oprimidas. En dicho informe, Lenin no dividió a los países del mundo simplemente en dos categorías, capitalistas y socialistas, sino que incluyó a los distintos países del mundo capitalista en una u otra de las tres categorías: primera, los países víctimas de la opresión, los coloniales, los semicoloniales y los derrotados; segunda, los países que lograron mantenerse en su situación anterior; tercera, los países vencedores, que se beneficiaron con el reparto de los intereses del mundo. A1 mismo tiempo, colocó a la Rusia socialista en la misma categoría que las naciones y países oprimidos. Lenin valoró en su pleno sentido el gran papel que jugaban los mil doscientos millones de habitantes en la lucha revolucionaria antimperialista del mundo: «Mil doscientos cincuenta millones de personas que representan el 70 por ciento de la población del globo no pueden vivir en las condiciones de esclavización que quiere imponerles el avanzado y civilizado capitalismo». Al referirse, poco antes de su fallecimiento, a la inevitabilidad de la victoria definitiva del socialismo en el mundo entero, Lenin insistió en la siguiente opinión: «El desenlace de la lucha depende, en definitiva, del hecho de que Rusia, India, China, etc., constituyen la inmensa mayoría de la población del globo; y esta mayoría es la que se incorpora en los últimos años, con inusitada rapidez, a la lucha por su liberación, de modo que en este sentido no pueda haber ni sombra de duda con respecto a la forma en que se decidirá la lucha mundial. En este sentido, la victoria definitiva del socialismo está plena y absolutamente asegurada». Evidentemente, nadie, salvo los socialimperialistas soviéticos, que han traicionado completamente la causa de Lenin, se atreve a afirmar que estos puntos de vista de Lenin, imbuidos del espíritu del internacionalismo proletario y de la fé en la victoria del movimiento comunista, «desisten de los principios de clase», «pregonan la reaccionaria geopolítica», y otras cosas por el estilo. ¿Qué debemos aprender de Lenin en ese aspecto? Como mínimo lo que sigue: Debemos, al igual que Lenin, saludar y apoyar con entusiasmo el movimiento de liberación de las naciones oprimidas de Asia, África, América Latina y otras regiones del mundo, mirándolo como parte importante del movimiento revolucionario socialista del proletariado mundial; además, sobre la base de las nuevas relaciones internacionales entre las clases, dividir los países del mundo actual en tres nuevas categorías y considerar la lucha conjunta del proletariado internacional y de los pueblos del tercer mundo, que representan más del 70 por ciento de la población mundial, como plena y absoluta garantía para la victoria definitiva del socialismo en el mundo.

Después del fallecimiento de Lenin, Stalin defendió la tesis leninista según la cual el proletariado debe unirse con las naciones oprimidas y señaló que el movimiento de liberación nacional debía abarcar a todas las fuerzas opuestas a la agresión imperialista, sin distinción de procedencia de clase ni de puntos de vista políticos. E1 dijo, a modo de ejemplo, que, a pesar de que el emir de Afganistán persistía en su monarquía y los jefes del movimiento de liberación nacional de Egipto pertenecían a la burguesía y se oponían al socialismo, las luchas que sostenían para lograr la independencia nacional de sus respectivos países, eran, objetivamente, luchas revolucionarias, «porque debilitan al imperialismo, lo descomponen, lo socavan». Al criticar a la oposición trotskysta, Stalin puntualizó: «El tropiezo de la oposición, en este problema, consiste en haber roto definitivamente con esta tesis de Lenin, deslizándose a las posiciones de la II Internacional, que niega la conveniencia de apoyar las guerras revolucionarias de las colonias contra el imperialismo».

En más de una ocasión Stalin habló del antagonismo entre el mundo capitalista y el socialista, pero al proceder a una clasificación específica de las fuerzas políticas mundiales en distintos periodos, se basó siempre en el conjunto de los cambios operados en la situación de la lucha de clases a escala internacional. Ya en el XV Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS, celebrado en 1927, él hizo la siguiente clasificación de las fuerzas políticas del mundo en aquellos momentos: «Juzgad vosotros mismos los l.90S.000.000 de habitantes de todo el globo terrestre, 1.134.000.000 viven en las colonias y en los paises dependientes; 143.000.000 en la URSS; 264.000.000 en los países intermedios; 363.000.000 en los grandes paises imperialistas, que oprimen a las colonias y a los paises dependientes». En el XVIII Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS, celebrado en marzo de 1939, clasificó a Alemania, Italia y Japón como Estados agresores y a Inglaterra, Francia y EE.UU. como Estados no agresores. Cuando, en 1941, la Alemania hitleriana lanzó su ofensiva contra la Unión Soviética, procedió inmediatamente a hacer que ésta se aliara con EE.UU., Inglaterra y otros países para conformar el campo antifascista. El dijo en 1942: «Ahora ya se puede considerar como algo indiscutible que, en el proceso de la guerra impuesta por la Alemania hitleriana a los pueblos, se ha producido una diferenciación radical de las fuerzas, se ha producido la formación de dos campos opuestos el de la coalición italo-alemana y el de la coalición anglo-soviético-norteamericana». «Por lo visto, la 1ógica de las cosas vale más que ninguna otra lógica». Desde luego, hoy no se dan en el mundo ni una nueva coalición Italia y Alemania ni otra de Inglaterra, la Unión Soviética y EE.UU. Así como el frente único de los pueblos del mundo en contra de ellas. Lo único que quisieramos destacar aquí es que tal proceder de Stalin en ese momento no afectó en lo más mínimo la existencia de la Unión Soviética como país socialista ni el desarrollo de la lucha revolucionaria del proletariado internacional, sino que, por el contrario, representó precisamente la única política aceptada para defender los intereses fundamentales de ese país socialista y del proletariado internacional. ¿Acaso podríamos censurar a Stalin por no haberse ceñido, en este caso, a la fórmula sobre el antagonismo entre el mundo capitalista y el socialista? ¿Acaso podríamos dudar del gran significado que implicaba la división de las fuerzas políticas del mundo en aquel entonces en un campo fascista y otro antifascista?

¿Acaso la división de las fuerzas políticas del mundo no deberían regirse por la lógica de las cosas, sino por cierta 1ógica que estaría por encima de las cosas?

Igualmente podemos recordar aquí las siguientes afirmaciones hechas por Stalin en Problemas económicos del socialismo en la URSS, obra escrita un año antes de su deceso. «Se dice que la contradicción entre el capitalismo y el socialismo son más fuertes que las contradicciones entre los países capitalistas. Teóricamente, eso es acertado, claro está.» «Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial no empezó por una guerra contra la URSS, sino por una guerra entre los países capitalistas». «Por tanto, la lucha de los países capitalistas por los mercados y el deseo de hundir a sus competidores resultaron prácticamente más fuertes que las contradicciones entre el campo del capitalismo y el campo del socialismo». Señaló además, que, «la inevitabilidad de las guerras entre los países capitalistas sigue existiendo». Hoy día, la inevitabilidad de la guerra mundial se presenta principalmente como la inevitabilidad de una guerra entre EE.UU., país capitalista, y la Unión Soviética, país que ha restaurado el capitalismo. Por lo visto, no ha perdido actualidad la tesis de que la lógica de las cosas vale más que ninguna otra lógica.

Todo lo dicho anteriormente permite ver que los maestros revolucionarios del proletariado dividieron las fuerzas políticas del mundo basándose en un análisis objetivo y penetrante de la situación en su conjunto de la lucha de clases internacional en los distintos períodos y no partiendo de una u otra fórmula inmutable. La teoría del Presidente Mao -el más grande marxista de nuestro tiempo- sobre la clasificación de las actuales fuerzas políticas del globo en tres mundos, es producto histórico de la observación y el análisis del desarrollo y el cambio de las diversas contradicciones básicas del mundo que durante largo tiempo hizo él aplicando de manera creadora el marxismo.

En su trabajo Sobre la nueva democracia, publicado en 1940, el Presidente Mao hereda, defiende y desarrolla la tesis de Lenin y Stalin según la cual, después de la Primera Guerra Mundial y, sobre todo, con la Revolución de Octubre, el movimiento de liberación nacional de los diversos países pasa a ser parte integrante de la revolución mundial socialista proletaria Allí él señala en términos explícitos: «Sean cuales fueren las clases, partidos o individuos de una nación oprimida que se incorporen a la revolución, tengan o no conciencia de este punto, lo entiendan o no en el plano subjetivo, basta con que luchen contra el imperialismo para que su revolución sea parte de la revolución mundial socialista proletaria, y ellos mismos, aliados de ésta». ¿Corresponde o no este análisis del Presidente Mao a la realidad objetiva de la lucha de clases en el mundo? Obviamente, a nadie le cabe duda alguna. Porque, partiendo precisamente de este punto de vista, el Partido Comunista de China formó, en el periodo de la agresión del imperialismo japonés contra China, un frente único con todas las fuerzas antijaponesas –incluido el Kuomintang de Chiang Kaishek– y obtuvo así la victoria de la Guerra de Resistencia contra el Japón; luego de esta guerra, se unió con todas las fuerzas unibles -las fuerzas antimperialistas y democráticas- y, de este modo, derrocó la dominación de los reaccionarios kuomintanistas y fundó la República Popular China, república de dictadura del proletariado.

Después del término de la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo norteamericano armó un interminable griterío antisoviético. E1 Presidente Mao puso al descubierto, con extraordinaria perspicacia, la esencia de ese griterío. Puntualizó: «Los EE.UU y la Unión Soviética están separados por una extensa zona en la que hay muchos paises capitalistas, coloniales y semicoloniales, de Europa, Asia y África». «En la actualidad, el significado real de la consigna norteamericana de una guerra antisoviética es la opresión del pueblo norteamericano y la expansión de las fuerzas agresivas de EE.UU. en el resto del mundo capitalista». El Presidente Mao llamó al pueblo norteamericano y a todos los países y pueblos amenazados por la agresión de EE.UU. a unirse para luchar contra la ofensiva de los reaccionarios norteamericanos y sus lacayos. ¿Correspondía o no este análisis del Presidente Mao a la realidad objetiva de la lucha de clases en el mundo por aquel entonces? Obviamente, a nadie le cabe duda alguna, pues este análisis fue confirmado por numerosos hechos históricos tanto de aquel momento como de tiempos posteriores.

Los acontecimientos del canal de Suez, producidos en 1956, revelaron la agudización de las contradicciones interimperialistas. Señaló entonces el Presidente Mao: «Estos acontecimientos nos permiten ver dónde se halla el punto clave de las luchas en el mundo de hoy. Claro está que los paises imperialistas viven contradicciones muy agudas con los paises socialistas, pero lo que hacen ahora es tomar como pretexto la lucha contra el comunismo para disputarse esferas de influencia... En el conflicto que allí se vive convergen dos tipos de contradicciones y dos fuerzas distintas. Estos dos tipos de contradicciones son primero, las contradicciones interimperialistas, o sea, las existentes entre EE.UU. e Inglaterra y entre EE.UU. y Francia, y, segundo, las contradicciones entre las potencias imperialistas y las naciones oprimidas. De las tres fuerzas en juego, la primera es EE.UU., la mayor potencia imperialista; la segunda, Inglaterra y Francia, países imperialistas de segundo orden, y la tercera, las naciones oprimidas». ¿correspondía o no este análisis del Presidente Mao a la realidad objetiva de la lucha de clases en el mundo por aquel entonces? Obviamente, tampoco aquí le cabe a nadie duda alguna, pues dicho análisis fue igualmente confirmado por numerosos hechos históricos tanto de aquel momento como de tiempos posteriores. No es difícil advertir que este análisis del Presidente Mao acerca de las tres fuerzas es justamente una anticipación de su teoría de los tres mundos planteada posteriormente. La diferencia entre el uno y la otra se debe principalmente a que en aquél entonces aún existía, mal que bien, un campo socialista.

Pero más tarde, debido a la completa traición de la camarilla de Jruschov-Breznev a la causa del comunismo, la Unión Soviética vió restaurado el capitalismo y degeneró en un país socialimperialista. Si bien China y algunos otros países siguen siendo socialistas, ha desaparecido el campo socialista que existió en el pasado, y las circustancias históricas no hacen necesaria la formación de un nuevo campo socialista.

Mientras tanto, muchos países del campo imperialista han dejado de someterse al mandato de EE.UU., e incluso se atreven a encararse abiertamente con este país. La abrumadora mayoría de paises coloniales y semicoloniales de Asia, África y América Latina han proclamdo sucesivamente su independencia como culminación de arduas luchas. Las diversas fuerzas políticas del mundo han pasado por una gran conmoción, una gran división y un gran reagrupamiento y enfrentan ahora una nueva situación histórica. En la década del 60 la camarilla dominante soviética renegó irremediablemente del socialismo; sin embargo, por un periodo determinado, el imperialismo norteamericano siguió siendo el enemigo número uno de los pueblos del mundo. No fue sino después de una serie de graves acontecimientos cuando la Unión Soviética, además de haberse convertido en una superpotencia imperialista que amenaza el mundo igual que EE.UU., llegó a ser la más peligrosa fuente de una guerra mundial. La traición de la camarilla dominante soviética provocó, de modo inevitable, una escisión de mayor o menor grado en el movimiento obrero internacional y en las filas de la lucha revolucionaria mundial contra el imperialismo, acarreándoles dificultades temporales.. Frente a eso ¿cuál es la solución? ¿Puede uno hacer la vista gorda ante todos los cambios operados durante este periodo y sostener que sigue existiendo en el mundo el campo imperialista y el socialista y tomar el antagonismo entre ambos como la contradicción principal en la política mundial? ¿O persistir en esa fórmula excluyendo únicamente del campo socialista a la Unión Soviética y algunos países dependientes de ella y considerar que, aparte de los países socialistas, todos los demás países conforman la reaccionaria banda del mundo capitalista? A todas luces, proceder así no serviría sino para impedir a todos los pueblos del mundo ver la verdad de las cosas y, por consiguiente, el justo rumbo de avance. Puesto que la actual situación internacional ha experimentado un enorme cambio, puesto que las fuerzas populares de los diversos paises ganan terreno día a día y los factores de la revolución van en constante aumento, se ha hecho necesario proceder a una nueva clasificación de las fuerzas políticas del mundo, a fín de elaborar una nueva estrategia mundial para el proletariado internacional y los pueblos oprimidos conforme a la nueva relación entre nosotros–el proletariado–, los amigos y los enemigos. La teoría de los tres mundos formulada por el presidente Mao cumple precisamente esta necesidad.

La teoría del Presidente Mao sobre los tres mundos señala con claridad lo siguiente: Las dos superpotencias imperialistas –la Unión Soviética y EE.UU.– , que conforman el primer mundo, han llegado a ser los mayores explotadores, opresores y agresores en el plano internacional y el enemigo común de los pueblos del mundo entero; la disputa entre ellas conducirá inevitablemente a una nueva conflagración mundial. La disputa entre las dos potencias hegemónicas por la dominación del mundo, la amenaza que representan para todos los pueblos y la resistencia que éstos les oponen, han entrado a constituir el problema central de la actual política mundial. Los países socialistas, como pilar del proletariado internacional, las naciones oprimidas, que son víctimas de la mayor explotación y opresión y representan la gran mayoría de la población del orbe, conformando unos y otras el tercer mundo, están colocados en las primeras filas de la lucha contra las dos potencias hegemónicas, la Unión Soviética y EE.UU., y constituyen la fuerza principal en la lucha mundial contra el imperialismo y el hegemonismo. Los países desarrollados, que median entre el uno y el otro, integran el segundo mundo; al tiempo que oprimen y explotan a las naciones oprimidas, son víctimas del control y el atropello por parte de las dos superpotencias; se hallan en contradicción tanto con el primer mundo como con el tercero, tienen doble carácter y son fuerzas susceptibles de ser ganadas o unidas por el tercer mundo en la lucha antihegemonista. Esta teoría ha expuesto de modo sintético la situación estratégica de la más importante lucha de clases en el mundo de hoy, situación en que todos los pueblos del mundo forman una partida y las dos potencias hegemónicas -la Unión Soviética y EE.UU.-, la otra. Las luchas de clases de orden interno en los diversos países son de hecho inseparables de esta lucha de clases realizada a escala mundial. Por tanto, la diferenciación de los tres mundos constituye la síntesis cabal de las diversas contradicciones fundamentales del mundo actual. Esta tesis científica del Presidente Mao ha enriquecido la teoría sobre el desarrollo desigual del imperialismo y la inevitable conclusión de guerra de las contradicciones entre los países imperialistas, la teoría sobre el socialimperialismo, la teoría de acuerdo con la cual la lucha de las naciones oprimidas forma parte importante de la revolución socialista del proletariado mundial, la teoría según la cual el proletariado internacional, los países socialistas y el movimiento de liberación nacional deben apoyarse recíprocamente y la teoría sobre la estrategia y las tácticas de la revolución proletaria. Todo esto representa una gran contribución al marxismo-leninismo.

No tiene nada de extraño que esta brillante teoría del Presidente Mao haya sido atacada virulentamente por los socialimperialistas soviéticos. De ellos es imposible esperar que reconozcan que la Unión Soviética bajo su dominación se ha convertido en una superpotencia imperialista y la más peligrosa fuente de una nueva guerra mundial, tan imposible como esperar que un renegado se reconozca como renegado, y un agresor como agresor. Ellos lanzan furibundas maldiciones contra la teoría de los tres mundos acusándola de renunciar a la lucha de clases, de meter en el mismo saco a los países socialistas, y a los capitalistas, etc., etc. De hecho, sus maldiciones se dirigen no solamente contra el gran marxista el Presidente Mao y el gran Partido Comunista de China, sino también contra los grandes maestros Marx, Engels, Lenin y Stalin. Como hemos podido observar, la diferenciación del Presidente Mao de los tres mundos, como principio, está en perfecta concordancia con la práctica de Marx y Engels, en la segunda mitad del siglo XIX, de tomar la actitud hacia la Rusia zarista como criterio para diferenciar las fuerzas políticas europeas, con la clasificación hecha por Lenin de los países del mundo en el periodo posterior a la Primera Guerra Mundial en tres categorías y con la división establecida por Stalin de los diversos paises en Estados agresores y no agresores, en campo fascista y campo antifascista, antes de la segunda Guerra Mundial y durante ella, y, además, constituye un desarrollo lógico de sus tesis sobre la diferenciación de las fuerzas políticas mundiales. Es cierto que aquellos que maldicen frenéticamente la teoría de los tres mundos siguen autodenominándose «fieles continuadores» de la causa de Lenin pero, ¿acaso no podemos juzgar a un individuo simplemente por la divisa que ostenta y no por su acción concreta? A juzgar por su acción concreta, ¿no son ellos mismos los que han traicionado la lucha de clases sostenida por el proletariado y han hecho degenerar un país socialista en capitalista?

En China, también ha habido frenéticos opositores a la teoría del Presidente Mao de los tres mundos; ellos son la banda de los cuatro», Wang Jung-wen, Chang Chun-chiao, Chiang Ching y Yao Wen-yuan. Ostentando las más revolucionarias divisas, se opusieron a que nuestro país apoyara al tercer mundo y se uniera con todas las fuerzas unibles a que asestáramos golpes al enemigo más peligroso. Ellos intentaron sabotear el establecimiento de un frente único internacional contra el hegemonismo e interfirieron nuestra lucha antihegemonista, amoldándose a las necesidades del socialimperialismo soviético. Si bien sus actividades de zapa causaron nefastos efectos en determinadas esferas, nuestro Partido y nuestro Gobierno han seguido firme e invariablemente la linea revolucionaria trazada por el Presidente Mao para los asuntos exteriores. La «banda de los cuatro» en modo alguno representa al pueblo chino, ellos son traidores despreciados por éste.

A pesar del acerbo odio que los socialimperialistas soviéticos y la «banda de los cuatro» sienten por la teoría de los tres mundos, ésta va siendo corroborada por más y más hechos objetivos de la política mundial de hoy y va mostrando en consecuencia, un poderío creciente. Como señaló el Presidente Jua Kuo-feng en su informe político ante el XI Congreso Nacional del Partido Comunista de China, «la teoría del Presidente Mao sobre los tres mundos señala el rumbo fundamental de la actual lucha en el plano internacional y precisa cuáles son las fuerzas revolucionarias principales, cuáles los enemigos principales y cuáles las fuerzas intermedias, susceptibles de ser ganadas y unidas, de manera que, en la lucha de clases a escala mundial, el proletariado internacional pueda unirse con todas las fuerzas unibles y formar un frente único lo más amplio posible para combatir a los enemigos principales». Esta definición estratégica responde tanto a las exigencias estratégicas de la lucha del proletariado internacional y de todos los pueblos y naciones oprimidas del mundo de nuestros días, como las exigencias estratégicas de lucha por la victoria del socialismo y del comunismo. Estimulará a los pueblos del mundo entero a unirse para conquistar la gran victoria de la lucha antiimperialista y antihegemonista aplicando políticas consecuentes y definidas.

LAS DOS POTENCIAS HEGEMONICAS, LA UNION SOVIETICA Y EE.UU., SON LOS ENEMIGOS COMUNES DE TODOS LOS PUEBLOS DEL MUNDO;
LA UNION SOVIETICA ES LA MAS PELIGROSA FUENTE DE UNA GUERRA MUNDIAL
La aparición de las dos superpotencias es un nuevo fenómeno en la historia del desarrollo del imperialismo. El desarrollo desigual del imperialismo conduce inevitablemente a una serie de conflictos y guerras, como consecuencia de los cuales se agrava necesariamente el propio desarrollo desigual. Esto ha traído a la existencia las superpotencias imperialistas de hoy, que se hallan por encima de los países imperialistas en general. Lenin señaló: «El imperialismo es la opresión creciente de las naciones del mundo por un puñado de grandes potencias, es la época de las guerras entre estas grandes potencias por la ampliación y el reforzamiento de la opresión de las naciones». Hoy, ese puñado de grandes potencias imperialistas se ha reducido a dos superpotencias–la Unión Soviética y EE.UU.-, las únicas que están en condiciones de disputarse la hegemonía mundial, mientras que las demás, sin excepción, han quedado relegadas a la posición de países de segundo o tercer orden. Cada una de las superpotencias se caracteriza por lo siguiente: Cuenta con un régimen estatal controlado por un capital monopolista extraordinariamente concentrado, se apoya en una fuerza económica y militar mucho más poderosa que la de otros países para realizar a escala mundial la explotación económica, la opresión política y el control militar, busca establecer para sí sola la hegemonía en el mundo entero y a este efecto prepara frenéticamente el desencadenamiento de una nueva guerra mundial.

En la historia del desarrollo del imperialismo hubo un pequeño número de potencias que pretendieron la hegemonía mundial. Pero de ninguna manera podrían colocarse en el mismo plano que la Unión Soviética y los Estados Unidos de hoy. La contienda soviético-norteamericana por la hegemonía es un producto peculiar del desarrollo histórico posterior a la Segunda Guerra Mundial.

La concentración del capital monopolista norteamericano y su expansión en el exterior han llegado a un nivel sorprendente en el peiodo de la postguerra, Tomando como ejemplo recientes datos estadísticos, vemos que, en el año 1976, doce supercorporaciones industriales, que efectuaron sus ventas por un valor superior a los 10.000 millones de dólares cada una, ocuparon el 27 por ciento de la cantidad total del capital y el 29 por ciento del volumen de ventas de las 500 mayores corporaciones industriales del país, y diez superbancos comerciales ocuparon el 61 por ciento del volumen total del capital, así como de los depósitos, entre los 50 bancos comerciales más grandes del país. Luego de haber alcanzado el capital norteamericano un alto grado de concentración en la postguerra, la exportación de capitales en ese país aumentó vertiginosamente en los últimos veintitantos años. Las inversiones directas privadas de EE.UU. en el extranjero saltó de los 11.800 millones de dólares registrados hasta 1950 a los 137.200 millones de dólares registrados hasta 1976. Esta rápida y alta concentración del capital constituye la base económica de EE.UU. como superpotencia imperialista.

Aprovechando su supremacía económica y militar adquirida en la guerra y su monopolio en el arma atómica y una serie de ultramodernos conocimientos científicos y técnicos militares y valiéndose de su establecimiento de un sistema monetario mundial con el dólar norteamericano como núcleo y de los diversos bloques militares bajo su control exclusivo que abarcan a América del Norte, América Latina, Europa, Asia y Oceanía, el imperialismo norteamericano adquirió una posición hegemónica sin precedentes en el mundo capitalista y, de este modo, puso a su merced a los demás paises capitalistas. Autoproclamándose por largo tiempo gendarme del mundo, EE.UU. perpetró gran cantidad de crimenes sangrientos contra los pueblos revolucionarios, incluido el propio pueblo norteamericano, y contra las naciones oprimidas del orbe entero. Sin embargo este imperialismo estadounidense enemigo común de todos los pueblos, que actuó a su antojo durante un tiempo, sufrió golpes demoledores precisamente en sus guerras de agresión contra aquellos pueblos asiáticos a los que consideraba que podía vencer con facilidad. El heroico pueblo coreano fue el primero en deshacer el mito de la invencibilidad de EE.UU. La guerra de los pueblos de Viet Nam, Kampuchea y Lao contra la agresión norteamericana y por la salvación nacional llevaron al imperialismo estadounidense a una crisis militar, política y económica y lo precipitaron a una abrupta caída. Mientras tanto, los países de Europa Occidental, Japón y otros habían restablecido y desarrollado, de manera gradual, su propia fuerza económica, intensificando su competencia con EE.UU. El imperialismo norteamericano se ha visto obligado a reconocer que ya no puede, como en el pasado, actuar a su libre albedrío en el mundo, pero sigue siendo el país más poderoso del mundo capitalista y hace todos los esfuerzos para mantener su hegemonía.

Justamente cuando EE.UU. estaba sumergido en la guerra y veía declinar su poderío, el socialimperialismo soviético logró ponérsele a la par. La renegada camarilla de Jruschov-Brezhnev usurpó los frutos de la construcción socialista obtenidos por el pueblo soviético durante más de 30 años, y convirtió, paso a paso, una potencia socialista en imperialista. La trasformación de la Unión Soviética socialista en una Unión Soviética capitalista mediante la evolución pacífica había sido un anhelo largamente acariciado por los imperialistas. Pero, como consecuencia de la ley que hace el desarrollo desigual de los países imperialistas y su disputa por la hegemonía mundial, esta evolución dió por resultado la aparición de un feroz rival fuera de su control. Como es sabido de todos, esa camarilla ha convertido una economía socialista altamente concentrada en una economía capitalista monopolista de Estado igualmente concentrada, con un grado de concentración inasequible para EE.UU. Sacando ventaja de los diez años de atascamiento de EE UU. en sus guerras de agresión contra Viet Nam, Kampuchea y Lao, la Unión Soviética redobló sus energías para desarrollar su propia fuerza, disminuyó la brecha que la separaba de EE, en el terreno económico y expandió a más y mejor su poderío militar, alcanzándolo así en cuanto a los armamento nucleares y dejándolo atrás en el plano de los convencionales. En la medida que incrementa su fuerza militar y económica, el socialimperialismo soviético efectúa cada vez más desenfrenadamente su expansión e infiltración en todas las partes del mundo y ostenta su fuerza militar donde quiera que sea, en la tierra, en los mares y en el espacio aéreo, entrando en una enconada disputa con EE.UU. a escala global; de esta manera, ha revelado sus ambiciones de agresión que no tienen parangón en la historia mundial.
Lenin dijo que, al distribuirse el mundo, los imperialistas «se lo reparten según el capital, según la fuerza«. Las dos superpotencias –la Unión Soviética y EE.UU.– procuran cada una la hegemonía mundial apoyándose precisamente en su fuerza económica y militar, que es muy superior a la de los demás países. En 1976, el producto nacional bruto de EE.UU. fue de más de 1.690.000 millones de dólares, y el de la Unión Soviética de más de 930.000 millones. Estas dos cifras, sumadas, representan aproximadamente el 40 por ciento del PNB del mundo entero. El valor de la producción industrial tanto de EE UU como de la Unión Soviética ha sobrepasado el conjunto de los tres principales paises capitalistas de Europa Alemania Occidental, Francia e Inglaterra. Por lo que hace a la fuerza militar, la de cualquier otro país imperialista tiene mucho menos punto de comparación con la soviética o la norteamericana. Cada uno de los dos, la Unión Soviética y EE.UU.- dispone de miles de armas nucleares estratégicas, ha lanzado centenares de satélites militares y cuenta con más de diez mi1 aviones militares, centenares de buques de guerra principales y gran cantidad de otros equipos convencionales. Sus respectivos gastos militares superan en mucho la suma total de los de Europa Occidental, Japón y Canadá. E1 aparato de guerra que cada una de las dos superpotencias posee en tiempos de paz ha alcanzado una magnitud nunca vista en la historia de la humanidad.

La camarilla de renegados revisionistas soviéticos trata por todos los medios de hacer creer que la Unión Soviética es una gran potencia y no una superpotencia imperialista. ¿Pero merece seria consideración tal aserto? ¿Acaso la Unión Soviética no ha perpetrado el saqueo económico, el control político y la expansión militar imperialistas del mismo modo que EE.UU?

EE.UU efectúa su explotación de otros países principalmente mediante la exportación de capita1es en forma de inversiones al exterior Según estadísticas oficiales norteamericanas, en 1976 las utilidades derivadas de las inversiones directas privadas de EE UU. en el extranjero, incluyendo los derechos de patentes, ascendieron a 22.400 millones de dólares, con una tasa de utilidades superior al 16 por ciento. Este es un sangriento registro de la explotación de los pueblos del mundo por parte del capital monopolista estadounidense. Si bien el volumen total de ganancias que la Unión Soviética obtiene de su saqueo en el extranjero todavía no llega al nivel norteamericano, los métodos que utiliza para el pillaje no están, en modo alguno, por debajo de los EE.UU. La Unión Soviética aprovecha principalmente la «ayuda económica» y la «ayuda militar» para comprar barato y vender caro a los países «beneficiarios» del tercer mundo, extrayendo así fabulosas ganancias. P:or ejemplo, los precios de las mercancías vendidas por la Unión Soviética a la India a título de «ayuda» son, en ocasiones, un 20 a un 30 por ciento e incluso un 200 por ciento superiores a los del mercado internacional, mientras que los precios de las mercancías que la Unión Soviética compra a la India son, un 20 a un 30 por ciento inferiores a los del mismo mercado. Datos del Compendio estadístico del comercio exterior de la URSS muestran que el precio del gas natural que la Unión Soviética importa de países asiáticos es inferior en cerca de un 50 por ciento al precio por el cual ella vende este mismo producto a Occidente, y demuestran que los precios de la antracita, el hierro colado y otros artículos exportados por la Unión Soviética a Egipto son superiores en un 80 a un 150 por ciento a los de las mismas mercancías exportadas a Alemania Federal. Según informaciones de la prensa occidental, durante la guerra árabe-israelí de octubre de 1973 «Rusia no solo exigió dinero contante y sonante como pago de las armas vendidas por ella, sino que elevó los precios de las mismas en los momentos más encarnizados del combate». Cuando alguno de los más importantes países árabes exportadores de petróleo le pagaron esta suma en dólares norteamericanos, la Unión Soviética la colocó como empréstito europeo a intereses del l0 o más por ciento.

EE.UU. controla la economía y la política de muchos países por intermedio de las empresas transnacionales y otros instrumentos de agresión. La Unión Soviética, a su vez realiza ahora semejantes actividades principalmente en la llamada «comunidad socialista». Bajo los rótulos de «división internacional del trabajo», «coordinación de planes», «integración multilateral», «integración estructural», etc., ha tomado bajo su control las arterias económicas de cierto número de países, los saquea y controla sin escrúpulos en lo que se refiere a materias primas, mercado, precios para el comercio exterior, planes de producción, fondos para la construcción básica e incluso mano de obra para la misma, y se afana por colocar en la órbita soviética tanto su economía como su soberanía limitada», o, en otros términos, por establecer un «sistema de propiedad socialista internacional» de la comunidad».

Con el propósito de sacar enormes ganancias y controlar otros países, EE.UU. se entrega al tráfico de armas a escala mundial. Entre 1966 y 1976 exportó armas por valor de 34.900 millones de dólares. Con igual finalidad que EE.UU., la Unión Soviética vendió en el mismo peiodo 22.200 millones de dólares en armas. De acuerdo con estadísticas de la Agencia de Control de Armamento y Desarme de EE.UU., las armas exportadas por la Unión Soviética en 1974 se remontaron a 5.500 millones de dólares, cifra que representa el 37,5 por ciento del valor total de las armas exportadas este año en el mundo. Así la Unión Soviética ha llegado a ser el mayor traficante de armas después de EE.UU. utiliza, además, la suspensión del suministro de piezas y repuestos de armas, el apremio al pago de deudas y otros medios para controlar en todo lo posible a los paises compradores de sus armas.

A fin de remover los obstáculos para su consecución de la hegemonía, EE.UU. ha subvertido gobiernos legalmente establecidos en una serie de paises latinoamericanos, asiáticos y africanos. La Unión Soviética ha realizado maniobras semejantes en algunos países africanos y de Europa Oriental. EE.UU. tiene acantonados aproximadamente 400.000 efectivos militares en otros países. Por su parte, la Unión Soviética mantiene unos 700.000 soldados en el extranjero, e incluso ha colocado por completo a Checoslovaquia -país soberano universalmente reconocido- bajo su ocupación militar prolongada (indefinida de hecho).

Mediante la conclusión de tratados militares, EE.UU. ha convertido territorios de muchos países en bases militares suyas. A su vez, la Unión Soviética ha tomado a su disposición bases o instalaciones militares en Europa Oriental, Mongolia y Cuba, del mismo modo que en África, el Mediterráneo y el Indico; además pretende, contra toda razón, perpetuar su ocupación de territorios y aguas jurisdiccionales de la parte septentrional del Japón, e incluso trata de apoderarse del archipiélago Spitzberg, perteneciente a Noruega. En los círculos diplomáticos occidentales hay un dicho satírico que reza: «Lo mío es mio, y en cuanto a lo tuyo, hay que determinar su pertenencia a través de negociaciones«. En el caso de la Unión Soviética, ésta no considera indispensable entrar a negociar» para determinar «si lo tuyo es mio».

EE.UU. tramó una invasión de mercenarios contra Cuba y, con ello, «se desprestigió todavía más en todas partes. La Unión Soviética mandó mercenarios a perpetrar una intervención armada en Angola y una invasión a Zaire, y sigue expandiendo el radio de su agresión.

En resumen, la Unión Soviética y EE.UU. son igualmente superpotencias imperialistas, los mayores explotadores y opresores internacionales, las mayores fuerzas de agresión y de guerra y los enemigos comunes de todos los pueblos del mundo. Lenin dijo: «Un proletariado que acepte que su nación ejerza la menor violencia sobre otras naciones, no es socialista». Hace tiempo que no huele en lo más mínimo a proletariado socialista la actuación de la Unión Soviética en los asuntos internacionales, la Unión Soviética es el imperialismo más feroz, más aventurero y más taimado y la más peligrosa fuente de una guerra mundial.

¿Por qué afirmamos esto? ¿Será por el hecho de que la Unión Soviética, violando tratados concluidos, ocupa territorios de China en sus zonas fronterizas del noreste y del noroeste y amenaza la seguridad de nuestro país? No, esta no es la razón. EE.UU. sigue ocupando Taiwan, territorio chino y amenaza de igual modo su seguridad. No hay duda de que los pueblos de cada región específica pueden determinar, a la luz de las circunstancias en que se hallen, cuál de las dos superpotencias o qué país imperialista constituye la amenaza más directa para ellos. Pero, a lo que aquí nos referimos no es al problema particular de tal o cual región específica, sino al problema general de la situación mundial en su conjunto. El que la Unión soviética sea la más peligrosa de las dos superpotencias en el plano mundial no ha sido decidido por ninguna causa eventual, pasajera o parcial, sino por el conjunto de las condiciones históricas en virtud de las cuales la Unión Soviética ha pasado a ser una superpotencia imperialista.

Primero. El socialimperialismo soviético es una potencia imperialista surgida más tarde que EE.UU. y, por tanto, tiene un carácter agresivo y aventurero aún más pronunciado. Lenin señaló hace mucho tiempo que los paises imperialistas surgidos más tarde exigen un nuevo reparto del mundo y que, dado que «han llegado a la mesa del festín capitalista cuando ya todos los sitios estaban ocupados», se vuelven necesariamente «aún más rapaces, aún más feroces». Sin un nuevo reparto de las colonias por la fuerza, los nuevos paises imperialistas no podrán obtener los privilegios de que disfrutan las potencias imperialistas más viejas (y menos fuertes)». Hoy, al pretender la hegemonía mundial, el socialimperialismo soviético no puede por menos de arrebatar posiciones a EE.UU., tal como otrora la Alemania de Guillermo II, la Alemania hitleriana luego y los EE.UU. de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial tuvieron que arrebatar posiciones a Inglaterra y a otros paises imperialistas de viejo cuño. Esta es una ley histórica independiente de la voluntad del hombre. Fué por eso que, en una plática sostenida en Febrero de 1976, el Presidente Mao señaló: «Los EE.UU tienen intereses que proteger en el mundo, mientras que la Unión Soviética quiere la expansión: esto es inalterable». No hay duda de que el imperialismo norteamericano sigue procurando la hegemonía mundial: sin embargo, en vista de que ha dispersado demasiado su fuerza y de que actualmente tiene que empeñarse en conservar sus intereses creados, está obligado a colocarse a la defensiva en su estrategia global. En cambio Brezhnev, ostentando el rótulo de «paz», tuvo el descaro de declarar: «Gracias al fortalecimiento de su fuerza económica y defensiva, la Unión Soviética ya puede desplegar victoriosamente y con dinamismo una ofensiva en el escenario internacional». Al elaborar nuestra política exterior quizá no haya en el globo ningún solo rincón que no tomemos en consideración de una u otra forma». Esto quiere decir, de hecho, que la Unión Soviética ha decidido adoptar una estrategia ofensiva para violar la soberanía de todos los demás países y para debilitar y desplazar la influencia de EE.UU. en las diversas regiones del orbe, a fin de establecer su posición hegemónica en el mundo entero.

Segundo. A causa de la relativa insuficiencia de su fuerza económica, el socialimperialismo soviético tiene que valerse principalmente de la fuerza militar y la amenaza bélica para llevar a cabo su expansión. Es cierto que en poderío económico la Unión Soviética ha sobrepasado en gran medida a los países imperialistas de segundo orden, pero aún se muestra débil frente a su poderoso rival e inferior a las exigencias que supone realizar su pretensión de supremacía mundial. Es así como se dedica frenéticamente a la expansión armamentística y a los preparativos bélicos, con miras a conquistar una superioridad militar para saquear los recursos naturales, las riquezas y la mano de obra de otros países y para compensar su propia inferioridad económica. Este es el viejo camino recorrido en el pasado por la Rusia zarista y los fascistas alemanes, italianos y japoneses. Actualmente los efectivos militares de la Unión Soviética son el doble de los de EE.UU. sus vehículos portadores de armas estratégicas exceden en más de 400 a los que éste posee; sus tanques, carros blindados, piezas de artillería y otras armas convencionales sobrepasan en mucho los de su rival. La Unión Soviética tiene una «armada ofensiva», cuyo tonelaje está casi a la par de EE.UU. Según estima Occidente, los gastos militares de la Unión Soviética han registrado en los últimos años una tasa de incremento anual de 4 ó 5 por ciento como promedio, con lo que han llegado a representar de un 12 a un 15 por ciento de su PNB (los de los EE.UU. representan cerca del 6 por ciento de su PNB). Los gastos militares soviéticos de 1976 fueron de 127.000 millones de dólares aproximadamente, o sea cerca de un 24 por ciento superiores a los norteamericanos, que fueron de 102.700 millones de dólares. Todo esto demuestra que, en su disputa con los EE. UU. por la hegemonía mundial, la Unión Soviética no sólo adopta, en forma inevitable, una estrategia ofensiva, sino que también tiene que recurrir forzosamente, como medio principal, a la fuerza armada y a la amenaza con ella.
Tercero. El grupo monopolista burocrático de la Unión Soviética ha convertido una economía estatal socialista altamente concentrada en una economía capitalista monopolista estatal mas concentrado que la de cualquier otro país imperialista y ha transformado el Poder de dictadura del proletariado en Poder de dictadura fascista, con lo que facilita más al socialimperialismo soviético la militarización de toda la economía nacional y de todo el aparato de Estado. La camarilla de Brezhnev ha destinado un 20 por ciento del ingreso nacional a gastos militares y ha declarado abiertamente que hay que «estar listo en todo momento para colocar la economía en la órbita propia de los tiempos de guerra». Esta camarilla fortalece sin cesar su aparato estatal y hace lo imposible por atar firmemente al pueblo soviético a su carro bélico. El KGB, agencia del servicio secreto de la Unión Soviética ha pasado a ser una espada suspendida sobre la cabeza del pueblo soviético y de muchos países del mundo. Sin escatimar esfuerzos, las autoridades soviéticas inculcan a las masas, a través de la prensa, el arte, la literatura, la educación docente y otros medios, el veneno del militarismo, atizan el chovinismo de la Gran Rusia, alaban sistemáticamente a jefes militares, funcionarios y aventureros de la Rusia zarista que «hicieron méritos» en agresiones contra otros paises, pregonan descaradamente la necesidad de recoger la «tradición» expansionista de los viejos zares y se disponen a dar, en cualquier momento, la orden para conducir como manadas a millones 
de habitantes del país a que les sirvan de carne de cañón en sus nuevas guerras de agresión.

Cuarto. E1 socialimperialismo soviético es una degeneración salida del primer país socialista, Así puede valerse del prestigio de Lenin y ostentar la bandera del «socialismo» para embaucar a la gente en todas partes. La política de agresión y hegemonía del imperialismo norteamericano, que lleva larga existencia, ha sido combatida, denunciada y condenada en innumerables ocasiones por el proletariado mundial, por los pueblos y naciones oprimídos y por todas las personalidades ecuánimes, incluidas las de los propios EE.UU. La opinión progresista mundial conoce ya su naturaleza y continuará luchando resueltamente contra dicha política. En cambio, el socialimperialismo soviético surgió hace poco y, además, se disfraza de «socialismo». Por lo tanto, combatirlo, denunciarlo y condenarlo es una lucha mucho más seria. Es necesario hacer enormes esfuerzos para que todos los pueblos del mundo conozcan su verdadera catadura. A posar de que la política de agresión y hegemonía aplicada por la Unión Soviética viene revelándose cada dia más en sus verdaderos colores y a pesar de que su rótulo de «socialismoÍ se destiñe cada vez más, todavía no se puede considerar que este país haya perdido por entero su capacidad de engaño. Al realizar sus actividades de agresión, intención, subversión y expansión, la Unión Soviética siempre las enmascara como las de «cumplimiento con las obligaciones internacionalistas», «apoyo a los movimientos de liberación nacional», «oposición al imperialismo y al neoimperialismo» y «defensa de los intereses de la paz y de la democracia». Por lo general, se necesita un proceso para conocer su naturaleza, y en este sentido China ha vivido una experiencia en carne propia. Es innegable que este tipo de apariencia engañosa, propia de la Unión Soviética, ha agravado el peligro que de suyo representa como superpotencia imperialista.

Es indiscutible que estas características históricas y objetivas de la Unión Soviética han hecho de ella una fuente de una nueva guerra mundial más peligrosa que EE.UU. El imperialismo norteamericano no ha cambiado su política de agresión ni su conducta hegemonista, y tampoco ha aflojado su explotación y opresión del pueblo de su propio país y de los demás pueblos del mundo. Por ende, las dos potencias hegemónicas, la Unión Soviética y EE.UU, son los enemigos comunes de todos los pueblos. A este respecto no cabe duda alguna, Pero, si después de advertir las circunstancias arriba mencionadas todavía no hacemos una distinción entre las dos superpotencias y las ponemos en el mismo plano, si todavía no indicamos que la Unión Soviética es el instigador más peligroso de una guerra mundial, adormeceremos la vigilancia revolucionaria de los pueblos del mundo y confundiremos el blanco principal de la lucha antihegemonista. En consecuencia, por ningún motivo debemos adaptarnos a la necesidad que tiene la Unión Soviética de engañar y urdir intrigas, dando luz verde a sus preparativos bélicos y a sus pasos de agresión.

LOS PAISES Y LOS PUEBLOS DEL TERCER MUNDO constituyen la fuerza principal en la lucha CONTRA EL IMPERIALISMO, EL COLONIALISMO Y EL HEGEMONISMO

Los países y pueblos del tercer mundo constituyen la fuerza principal en la lucha común del mundo entero contra el hegemonismo de las dos superpotencias, la Unión Soviética y EE.UU., y contra el imperialismo y el colonialismo. En un mensaje fechado el 25 de octubre de 1966, el Presidente Mao señaló: «El huracán revolucionario de Asia, África y América Latina asestará un golpe decisivo y demoledor a todo el mundo viejo». Esta es una previsión científica y una alta apreciación hecha por el Presidente Mao del papel de fuerza principal que desempeñan los pueblos asiáticos, africanos y latinoamericanos en la lucha revolucionaria antiimperialista a escala mundial.
¿En qué se fundamenta esta aseveración? Desde el término de la Segunda Guerra Mundial, los pueblos revolucionarios de Asia, África, America Latina, y otras regiones se han colocado en primera fla de la lucha antimperialista y anticolonialista, han realizado de manera incesante luchas armadas revolucionarias y han conquistado una serie de grandes victorias que han cambiado la fisonomía del mundo de la postguerra, lo cual ha servido de inmenso estimulo y apoyo para el proletariado internacional y los pueblos de todos los países en su lucha revolucionaria antimperialista. El triunfo de la revolución china en 1949; el triunfo de la guerra coreana de resistencia a la agresión norteamericana y de defensa de la patria registrado en l953; la celebración de la conferencia Afro-asiático de Bandung en 1955; el triunfo del pueblo egipcio en la guerra del canal de Suez en 1956; la serie de victorias de los movimientos nacionales y democráticos de América Latina desde la guerra revolucionaria de Cuba que culminó en 1959 hasta la lucha por la democracia en Chile en los primeros años de la década de los 70; el triunfo de la guerra de liberación nacional de Argelia en 1962; las heróicas luchas que sacudieron al mundo, llevadas a cabo en los años 60 por los pueblos de muchos paises de Asia y África para conquistar o salva guardar la independencia; la restauración del legitimo puesto de China en las Naciones Unidas en 1971; la victoria de los pueblos de Viet Nam, Kampuchea y Lao en sus guerras contra la agresión norteamericana y por la salvación nacional en 1975; el triunfo de las guerras independentistas de Guinea-Bissau y de Mozambique y el continuo desarrollo de la de otros países en la década del 70; los duros golpes asestados por Egipto, Sudán y otros paises a las maquinaciones soviéticas de control y subversión; la victoria lograda por el pueblo zairense en 1977 en su guerra contra la invasión de mercenarios a sueldo de los soviéticos; la perseverancia de los paises árabes y del pueblo palestino en sus guerras y lu chas contra la agresión durante los últimos veintitantos años; y el continuo cre cimiento de la resistencia de los pueblos africanos contra el racismo blanco, la persistente profundización del movimiento nacional y democrático de los pueblos del sudeste asiático y la consecución de la independencia por parte de más de 80 paises de Asia, América Latina y otras regiones en los últimos treinta y tantos años: las victorias de todas estas muchas luchas han constituido una poderosa fuena motriz de los cambios revolucionarios del mundo en la post guerra. E] sistema colonialista ha quedado desintegrado. El imperialismo norte americano, que fue el primero en aparecer como superpotencia, ha sufrido re veses de significado histórico. Y el socialimperialismo soviético, la otra super potencia surgida después está siguiendo el camino que condujo a EE.UU. al descalabro.
El tercer mundo ha llegado a ser la fuerza principal en la lucha mun dial contra el imperialismo, el colonialismo y el hegemonismo, de modo que se ha creado una nueva situación sin paralelo en la historia de la humanidad. ¿Cómo se explica el surgimiento de esta nueva situación? En primer lugar, los casi 3.000 millones de esclavos, que constituyen la abrumadora mayoría de la población mundial, se han sacudido o se están sacudiendo las cadenas colonialistas, lo que representa un cambio histórico de importancia fundamental en la correlación de las fuerzas de clases en el mundo. Desde que existe la opresión nacional, ha habido luchas de resis tencia de las naciones oprimidas. Pero, durante un periodo muy largo del pasado estas luchas de resistencia se realizaron, en la abrumadora mayoría de los casos, en forma aislada y dispersa. La situación comenzó a experimentar grandes cam bios después de la Revolución de Octubre: en no pocos paises se fundaron partidos comunistas, se efectuaron luchas revolucionarias antimperialistas a gran escala bajo la dirección del proletariado y con la alianza obrero-campesina como fuerza principal, se obtuvieron formidables victorias y se acumularon experiencias valiosas. Sin embargo, a juzgar por la situación en su conjunto, aún no se había formado un movimiento mundial que vinculara estas luchas. La Segunda Guerra Mundial aceleró en grado sumo el proceso revolucionario de la historia. Hoy día, las naciones y países oprimidos y los países socialistas, que componen el tercer mundo, representan como antes, más del 70 por ciento .de la población mundial, pero, a gran diferencia de la situación que viera Lenin en 1920, ellos se han sumado al torrente de la lucha revolucionaria del orbe como una fuerza antimperialista de envergadura mundial y han superado en mucho los niveles del pasado tanto en la dimensión y profundidad de la lucha como en los fru¿os logrados y las experiencias acumuladas. Muchos países del tercer mundo ya tienen sus propios ejércitos y han eliminado, en diferente grado, la influencia del colonialismo. China, que representa una quinta parte de la población mundial, se ha transformado de país semicolonial y semifeudal en un gran país socialista. Ella y los demás países socialistas que perseveran en la lucha antimperialista y antihegemonista, se han puesto firmemente junto al tercer mundo y constituyen una fuerza inconmovible dentro de sus filas.
En segundo lugar, los países y pueblos del tercer mundo son los que en la historia han sufrido la más profunda opresión y ofrecido la más violenta resistencia. Lenin dijo: «Las colonias han sido conquistadas a sangre y fuego». Del mismo modo los pueblos de las colonias sólo pueden conquistar a sangre y fuego su liberación completa. El imperialismo mundial no puede desarrollarse ni subsistir sin saquear las colonias, las semicolonias y otras naciones y países oprimidos. La lucha liberadora de los pueblos de las colonias ha conmovido la base de la cual depende la subsistencia del imperialismo, y terminará destruyéndola. Como consecuencia de ésto, el imperialismo hará desesperados forcejeos.
En el período inmediatamente posterior al término de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los países del tercer mundo todavía no habían logrado la independencia y algunos se encontraban en un estado de semiindependencia. En aquel entonces, el objetivo de su lucha era la conquista de la independencia y la liberación nacionales, y la forma fundamental, la lucha armada revolucionaria. Estos países eran universalmente reconocidos como fuerza principal en la lucha antimperialista de la postguerra. Hoy día, los pueblos de algunas regiones del tercer mundo continúan llevando adelante esta lucha armada por la independencia y la liberación y permanecen en la primera fila de la lucha antiimperialista y anticolonialista del mundo. Apoyar resueltamente su lucha es un sagrado deber común del proletariado internacional y de todos los pueblos revolucionarios.
En cuarto y último lugar, los ciento veinte y tantos paises del tercer mundo están ubicados en regiones súmamente extensas de Asia, África, América Latina y Oceanía, donde, a juzgar por la situación en su conjunto, los países imperialistas cuentan con limitadas fuerzas imperialistas y tienen diversos conflictos de intereses entre sí, lo cual constituirá por largo tiempo una condición favorable para el desarrollo y robustecimiento de las fuerzas revolucionarias antimperialistas del tercer mundo. Europa, como punto clave de la contienda entre las dos potencias hegemónicas, tiene atraídas sobre sí y sujetas sus fuerzas principales. Esas potencias encuentran imposible ejercer un control muy estricto sobre muchos de los paises del tercer mundo y, con frecuencia, no pueden mantener todas las cartas en sus manos. Habiendo elevado su conciencia política y fortalecido su unidad en la prolongada lucha durante los ahos de la postguerra, los paises y pueblos del tercer mundo han comenzado a explotar conscientemente este punto débil de sus enemigos, Así como las contradicciones entre las dos potencias hegemónicas y los países del segundo mundo y las existentes entre aquellas mismas; al mismo tiempo, han comenzado a hacer valer sus propios puntos fuertes para superar los múltiples obstáculos y llevar adelante, sin cesar, el movimiento revolucionario antiimperialista y antihegemonista.
El movimiento obrero en los paises del primero y segundo mundos y la lucha antimperialista del tercer mundo se apoyan mutuamente. La clase obrera y las masas revolucionarias de los paises desarrollados capitalistas han logrado, en repetidas ocasiones, brillantes victorias en su heroica lucha, dando duros golpes al imperialismo y al socialimperialismo y prestando enérgico apoyo a los pueblos del mundo en su lucha contra el imperialismo y el hegemonismo. De hoy en adelante, en la medida del desarrollo de la situación, ellas darán lugar a nuevos ascensos del movimiento revolucionario y robustecerán continuamente su propia fuerza en la lucha contra la ofensiva del capital monopolista, por los derechos económicos y políticos para sí mismas y para los demás sectores del pueblo, en oposición a la política de agresión de las clases dominantes y en apoyo a la lucha antiimperialista y antihegemonista del tercer mundo. Sin embargo, debido a la traición de la camarilla gobernante de la Unión Soviética, al desbordamiento de la corriente ideológica revisionista y a la división de las filas de la clase obrera, el movimiento obrero revolucionario de los paises capitalistas desarrollados, hablando en general, tiene que permanecer por el momento en la etapa de reordenamiento de sus filas y acumulación de fuerzas. Por ahora todavía no existe en estos paises una situación revolucionaria que permita tomar inmediatamente el Poder. En tales circunstancias, cuanto más activamente desempeñen los paises y pueblos del tercer mundo su papel de fuerza principal en la lucha antiimperialista y antihegemonista, tanto más importantes resultarán su apoyo e impulso al movimiento obrero en los paises desarrollados.
¿La afirmación de que el tercer mundo es la fuerza principal en la lucha contra el imperialismo y el hegemonismo significa o no debilitamiento de la obligación y el papel del proletariado internacional en esta lucha? La lucha contra las dos potencias hegemónicas, parte importante del movimiento socialista del proletariado mundial, es súmamente difícil y complicada. E1 proletariado de los diversos países tiene que estudiar y difundir con empeño el marxismo-leninismo, jugar el papel de vanguardia y modelo en esa lucha, cumplir con el deber internacionalista que le incumbe y apoyar y ayudar sin reservas a todos los pueblos del mundo en su lucha contra el imperialismo y el hegemonismo, a fin de asegurar que la lucha avance por un camino acertado y culmine en la victoria. Pbr consiguiente, el hecho de que el tercer mundo sea la fuerza principal en la lucha antimperialista y antihegemonista no debilita en lo más míni no la obligación y el deber del proletariado internacional en esta lucha. Cuando Lenin creó el Ejército Rojo obrero-campesino, los campesinos pobres constituían su fuerza principial. ¿Acaso debilitó eso la obligación del proletariado ruso con respecto al Ejército Rojo? Cuando Stalin señalaba que la base y esencia de la cuestión nacional era el problema campesino y que los campesinos son el ejército básico del movimiento nacional», ¿olvidó acaso el papel del proletariado en este movimiento? Cuando el Presidente Mao apuntó que las amplias masas de campesinos pobres son «el aliado natural y más confiable del proletariado y e1 contingente principal en las filas de la revolución china», ¿no estaba subrayando al mismo tiempo el rol del proletariado chino en toda la causa revoluciona ria? Si se toma el papel dirigente del proletariado internacional como pretexto para formar, en las condiciones históricas de hoy, un centro de mando desde donde dictar órdenes a las luchas revolucionarias antiimperialistas de los pueblos de los diversos paises, e incluso intentar que estas luchas obedezcan a los intereses egoistas de determinado país, ello no puede sino perjudicar y socavar la lucha de los pueblos del mundo y va en contra de los intereses del proletariado internacional, tal como lo ha demostrado la práctica en repetidas ocasiones. E1 socialimperialismo llama «cumplir con el deber internacionalista proletario» al hecho de organizar mercenarios para realizar intenciones e invasiones armadas contra otros países; esto constituye una demagogia descarada y solo puede terminar en desastrosas derrotas.
¿La afirmación de que el tercer mundo es la fuerza principal en la lucha antiimperialista y antihegemonista significa o no que los países del tercer mundo no presentan diferencia alguna en su situación social y política y en su comportamiento en la lucha internacional? A causa de las diferencias del sistema social y político entre los países del tercer mundo, de la desigualdad en el desarrollo de su economía y de los cambios que constantemente se operan en la situación política dentro de cada país,Ílas autoridades de unos u otros países asumen con frecuencia diferentes actitudes hacia el imperialismo y las superpotencias y hacia sus propios pueblos Debido a algunas razones históricas y particularmente a la cizaña que han sembrado el imperialismo y el socialimperialismo, todavía existen entre ciertos países del tercer mundo disputas de uno u otro tipo e incluso conflictos armados. Sin embargo, vistos en su conjunto, los países del tercer mundo velan, en su mayoría, una tendencia a combatir el imperialismo y e1 hegemonismo. Dentro de estos púses existen, desde luego, luchas entre distintas fuerzas políticas, que comprenden las fuerzas revolucionarias decididas de llevar hasta el fn la revolución nacional y democrática, los distintos tipos de fuerzas progresistas o intermedias, y también una minoría de fuerzas reaccionarias, e incluso unos cuantos agentes del imperialismo o del socialimperialismo.

Mientras existan las clases, mientras existan el proletariado, el campesinado y la pequeña burguesía, mientras existan los diferentes tipos de burguesía; la clase terrateniente y otras clases explotadoras, la presencia de este fenómeno será inevitable. Pero estas complicadas circunstancias no varían el hecho fundamental de que el tercer mundo es la fuerza principal en la lucha contra el imperialismo y el hegemonismo. Al enfocar un problema, tenemos que examinar primero su esencia y su aspecto principal, Así como los resultados prácticos dentro del balance general. Las diferencias en cuanto a la situación política de los países del tercer mundo no pueden, por muchas que sean, alterar la contradicción fundamental que enfrenta al imperialismo y al hegemonismo con los países y pueblos del tercer mundo, ni esta corriente irresistible de la historia los países quieren la independencia, las naciones quieren la emancipación y los pueblos quieren la revolución. A juzgar por las manifestaciones objetivas de la actuación de las naciones oprimidas de Asia, África y América Latina en la lucha política internacional durante los últimos treinta y tantos años, así como por su tendencia general, la esencia y el aspecto principal de esta naciones son revolucionados y progresistas, e incuestionable su papel de fuerza principal en la lucha mundial contra el imperialismo y el hegemonismo.
La China socialista forma parte del tercer mundo. El Presidente Mao señaló: «China pertenece al tercer mundo, porque en los planos político y económico, así como en otros terrenos, no se puede comparar a los países ricos, a las grandes potencias; sólo puede ubicarse Junto a los países relativamente pobres». En el pasado, China sufrió la opresión imperialista y sostuvo luchas contra el imperialismo durante mucho tiempo, hoy ha establecido el sistema socialista, pero, al igual que los otros países del tercer mundo, sigue siendo un país én desarrollo y enfrenta la tarea de llevar a cabo una prolongada y resuelta lucha contra las superpotencias imperialistas. Una trayectoria común, una lucha común y los intereses comunes que China ha compartido, comparte y compartirá con ellos durante largo tiempo, determinan su pertenencia al tercer mundo.
China ha declarado que pertenece al tercer mundo. Esto demuestra exactamente que ella persiste en el camino socialista y se adhiere a los principios leninistas. Cuando Lenin clasificó a Rusia como pús de h misma categoría que las colonias y naciones oprimidas, ¿olvidaba acaso que la Rusia de aquel entonces era ya un país socialista? ¿Se podría decir que, al proceder así, Lenin alteró el rambo de desarrollo socialista de Rusia? Todo lo contrario. La posición de Lenin Correspondía por completo a los intereses de la causa del proletariado internacional y persistía genuinamente en el rumbo del desarrollo socialista de Rusia. Hoy día, ÍChina y otros países socialistas permanecen junto a los demás países; del tercer mundo y todos se apoyan y ayudan mutuamente y avanzan hombro a hombro en la lucha contra el imperialismo y el hegemonismo. Con ello, han heredado lealmente y desarrollado este gran concepto de Lenin.
El Presidente Mao nos instruyó más de una vez: «En nuestras relaciones con el extranjero, los chinos debemos desechar resuelta, definitiva, cabal y totalmente cualquier manifestación de chovinismo de gran nación», «debemos de tratar en pie de igualdad a los países pequeños, cualesquiera que sean, y no eõguir el rabo con orgullo», y «no procurar la hegemonía». Esta es una exigencia absoluta del sistema socialista de China y de la línea revolucionaria proletaria del Presidente Mao. Actualmente, China es un país en desarrollo, pertenece al tercer mundo y está al lado de las naciones oprimidas. En el futuro, cuando halla desarrollado su economía, conviertiéndose en un poderoso país socialista, pertenecerá igualmente al tercer mundo y será ubicada junto con las naciones oprimidas. El 10 de abril de 1974, el camarada Teng Siao-ping, en nombre del Gobierno y del pueblo de China, declaró solemnemente en la sesión Extraordinaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas: «Si algún día China cambiara de color, se convirtiera en superpotencia y actuara también en el mundo como déspota, perpetrando en todas partes atropellos, agresiones y explotación, los pueblos del mundo tendrían el derecho de pegar a China la etiqueta de socialimperialista, de denunciarla, combatirla y unirse con el pueblo chino para derribarla». Cabe preguntar ¿Existe en el mundo otro país grande que se atreva a hacer una declaración tan franca y sincera como ésta?
Sin embargo, la camarilla de renegados revisionistas soviéticos ha llegado a atacar a China afirmando que ésta «procura la hegemonía» en el tercer mundo. Tal ignominiosa difamación es simplemente ridícula. En el largo curso del desarrollo de las relaciones de China con los demás países del tercer mundo y en la ayuda que les viene prestando en las medidas de sus posibilidades, ¿se ha registrado algún hecho que pueda corroborar que ella procura la hegemonía? ¿Ha enviado aunque sea un soldado a agredir y ocupar territorios ajenos? ¿Ha que país ha exigido permiso para instalar bases militares ¿A que país ha arrebatado siquiera un centavo mediante chantaje y exacción? Al prestar ayuda a otros países, ¿en alguna ocasión ha dictado la manera de cómo deben actuar con respecto de ella? El Presidente Mao siempre sostuvo: ïTodas las justas luchas de los pueblos del mundo entero se dan como apoyo mutuo». Nunca hay en el mundo entrega o recepción de ayuda unilaterales. Está a la vista de todos que, en sus relaciones con los demás paises del tercer mundo, China ha promovido y observado fielmente los afamados Cinco Principios de Coexistencia Pacifica y los conocidos ocho principios para la ayuda económica a otros paises. Al tratar así de sembrar cizaña en las relaciones amistosas del pueblo chino con los otros pueblos del tercer mundo, la camarilla de renegados revisionistas soviéticos no ha hecho más que revelar, una vez más, su catadura reaccionaria. En verdad, a los ojos de los hegemonistas de mundo no existe otro tipo de gente distinta a los que ejercen la hegemonía y a los que están sometidos a ella. ¡Cuán lamentablemente mezquinos son estos infieles descendientes de Lenin! No alcanzan a entender siquiera un hecho tan simple como este: ningún renegado es capaz de minar la gran unidad entre el pueblo chino y los demás pueblos del tercer mundo, unidad sellada con su sangre en el combate común y con su sudor en el trabajo conjunto.
EL SEGUNDO MUNDO ES UNA FUERZA UNIBLE EN LA LUCHA ANTIHEGEMONISTA

Al referirse a la situación política mundial en los últimos años, el Presidente Mao siempre consideró a los países del segundo mundo como una fuerza con la cual podemos unirnos en la lucha contra las dos potencias hegemó nicas. Señaló que «hay que ganarse a estos países: Inglaterra, Francia y Alema nia Occidental, por ejemplo».
¿Por qué los países del segundo mundo son fuerzas unibles en la lu cha antihegemonista? Porque en los últimos treinta años, la posición de esto países en las relaciones políticas y económicas internacionales ha experimentad grandes cambios.
Tras una lucha de veinte a treinta años contra el control de EE.UU y explotando los graves reveses que éste ha sufrido a escala mundial en su políti ca de agresión, los paises de Europa Occidental han superado la situación en qu se hallaban en los primeros años de la postguerra, obligados a aceptar los dicta dos de EE.UU. Sucede lo mismo con el Japón. La fundación del Mercado Comú Europeo, la política francesa de independencia aplicada por De Gaulle, la actitud pasiva y crítica adoptada por los paises de Europa Occidental ante las guerras d agresión de EE.UU. contra Viet Nam, Kampuchea y Lao, el derrumbe del siste ma monetario del mundo capitalista con el dólar norteamericano como núcleo las guerras comerciales y monetarias, cada vez más agudas, entre Europa
Occidental y el Japón por un lado y EE.UU. por el otro: todos estos hechos marcan la desintegración del antiguo campo capitalista antes capitaneado por EE.UU Es cierto que el capital monopolista de Europa Occidental, Japón y otros paises aún mantiene múltiples vínculos con EE.UU. y que, frente a la amenaza del socialimperialismo soviético, aquéllos todavía tienen que abrigarse bajo el «paraguas protector» de EE.UU.; sin embargo, mientras éste continúe aplicando su política de control, aquellos no cesarán en su lucha contra este control ni en su lucha por el establecimiento de relaciones de socios en pié de igualdad.
Como Europa es el punto clave de la estratégia soviética para su disputa por la hegemonía mundial, el mayor peligro que Europa Occidental enfrenta procede, obviamente, del socialimperialismo soviético. La Unión Soviética emplaza grandes contingentes de fuerzas armadas en el este de Europa y en los mares del Norte y del Sur de este continente, adoptando una postura tendente a cercar a Europa Occidental. Además, intensifica sus actividades destinadas a apoderarse de los puntos estratégicos a lo largo de toda la línea que va del mar Rojo y el Indico hasta el Este del Atlántico Sur pasando por el Cabo de Buena Esperanza, con lo cual flanquea y rodea a Europa y amenaza seriamente las vias de comunicación de importancia vital para Europa Occidental. Enfrentados a esta grave amenaza a su seguridad, los países de Europa Occidental se ven compelidos a fortalecer su defensa nacional, a coordinar las relaciones entre ellos, a mantener y reforzar su alianza en lo económico, en lo político, y en el plano de la defensa. En el Extremo Oriente, el Japón también encara una grave amenaza La colosal fuerza militar que la Unión Soviética tiene acantonada en el Extremo Oriente está, por cierto, dirigida contra China, pero en particular contra EE.UU. y Japón. La Unión Soviética ocupa los territorios y aguas jurisdiccionales de la parte septentrional del Japón e intensifica cada vez más su amenaza a ese país, y su infiltración en él, lo cual ha provocado enérgica indignación y resistencia de todas las fuerzas patrióticas japonesas. Por su parte, Australia, Nueva Zelanda, Canadá y otros paises han estrechado su vigilancia contra la expansión e infiltración soviéticas.
En años recientes se han operado, asimismo, nuevos cambios en las relaciones entre Europa Occidental, Japón y otros países, por una parte, y el tercer mundo, por la otra, Es cierto que, bajo las nuevas condiciones y mediante nuevas formas, Inglaterra, Francia, Alemania Occidental, Japón y otros países siguen recurriendo a medios políticos y económicos en un esfuerzo por mantener su control y explotación de muchos países del tercer mundo, pero, vista la situación en su conjunto, han dejado de ser las fuerzas principales en el control y la opresión de los paises del tercer mundo y, en ciertas circunstancias, partiendo de sus propios intereses, incluso se ven forzados a cederles lel terreno en mayor o menor grado o expresar cierto apoyo a su lucha antihegemonista o permanecer neutrales. Por ejemplo, luego de la lucha petrolera de 1973, los paises del Mercado Común Europeo propusieron recurrir al diálogo y no al enfrentamiento con los países productores de petróleo y exteriorizaron algunas opiniones razonables respecto a la solución del problema del Medio Oriente. Este año, Francia proporcionó cierto apoyo logístico a la lucha sostenida por el Zaire contra la invasión armada instigada por la Unión Soviética.
Los países de Europa Oriental nunca han cesado su lucha contra el control soviético. Aún después de haber sido ocupada Checoslovaquia, la resistencia de su pueblo ha venido desarrollándose. En 1976, el pueblo polaco desplegó una ámplia campaña de protesta contra la introducción en la nueva constitución de claúsulas referentes a la alianza polaco-soviética y desató una oleada de huelgas y manifestaciones con consignas como «¡Libertad sí!» y « ¡Rusos no!». Dentro de los gobiernos de algunos países de Europa Oriental se desarrolla la tendencia a combatir el control soviético. Ciertos artículos de la prensa se quejan abiertamente de que «algunos principios de beneficio mútuo han sido desvirtuados en parte y en distinta medida»; señalan que las relaciones de estos países con la Unión Soviética «no pueden siempre basarse en el sacrificio de un país socialista por el bien de otro», y que «el deseo de ïcoordinación en todoÍ no puede sino conducir en la práctica, a una ïcoordinación en nadaÍ «, y exigen la «toma en consideración de los intereses particulares de todos los países del Consejo de Ayuda Mútua Económica» y la defensa de una «economía nacional independiente». Con la intensificación de su disputa por la hegemonía mundial, la Unión Soviética ha convertido a Europa Oriental en línea delantera de la guerra que viene preparando contra Europa Occidental y EE.UU. El control y la intervención que ejerce sobre los países de Europa Oriental mediante la organización del Pacto de Varsovia se han hecho cada vez más insoportables. Tal situación ha motivado mayor preocupación de los pueblos de esos países y ha avivado su lucha en defensa de la independencia, seguridad e igualdad de derechos.
Desde luego hay que tener en cuenta que están muy arraigados a la explotación y el control de muchos países del tercer mundo y que éstos no desistirán de ellos fácilmente. La lucha del tercer mundo por el establecimiento de relaciones de igualdad y beneficio mútuo con el segundo mundo será todavía prolongada y seria. Sin embargo, como queda expuesto arriba, el segundo mundo está sufriendo intervención, control y atropello por parte de las dos potencias hegemónicas–la Unión Soviética y EE.UU.- y enfrenta una amenaza de guerra proviniente de ellas, particularmente de la primera, lo cual constituye una realidad que es todavía más grave y se agravará cada dia más. A1 referirse a la política del Partido Comunista de China con relación al imperialismo durante la Guerra de Resistencia contra el Japón, el Presidente Mao precisó: «Si bien el Partido Comunista se opone a todos los imperialistas, debemos disinguir entre el imperialismo japonés, que invade a China, y las otras potencias imperialistas, que actualmente no lo hacen; entre los imperialistas alemanes e italianos, que se han aliado con el Japón y han reconocido al ïManchukuo,, y los imperialistas ingleses y norteamericanos, que se oponen al lapón; y también entre entre la Inglaterra y los Estados Unidos del tiempo en que seguían la política de un Munich del Extremo Oriente y socavaban nuestra resistencia al lapón, y la Inglaterra y los Estados Umdos de hoy, que han renunciado a esa política y se pronuncian a favor de nuestra resistencia». Por esa misma razón, hacer una distinción en cuanto a la manera de tratar los actuales enemigos principales -las dos potencias hegemónicas–y a los países del segundo mundo, es un problema importante y que debe de ser considerado en la 1ucha de los países y pueblos del tercer mundo. Bajo determinadas condiciones, la unión con el segundo mundo en la lucha común contra las dos potencias hegemónicas no solamente es necesaria sino posible.
En circunstancias en que la Unión Soviética toma Europa como punto clave de su estrategia, tanto la parte oriental como la occidental de ese continente son las primeras en sufrir el impacto; los países de Allí enfrentan por igual el serio problema de la salvaguardia de su independencia nacional.
¿Es correcto, desde el punto de vista de los principios, plantear hoy en los países desarrollados que conforman el segundo mundo, en particular los de Europa, la consigna de defender la independencia nacional?
En distintos períodos de la historia contemporánea de Europa, los clásicos del marxismo-leninismo demostraron que, aún en los paises europeos desarrollados e incluso en momentos en que se combatía la utilización por parte de los oportunistas de la consigna de «defensa de la patria» para ocultar su traición al internacionalismo proletario, las guerras por la salvaguardia de la independencia nacional eran, en determinadas condiciones, no sólo admisibles, sino necesarias y revolucionarias.
En 1891, cuando Alemania afrontaba la amenaza inmediata de una agresión rusa, Engels escribió: «El zarismo ruso es el enemigo de todas las naciones occidentales, incluso de la borguesía de ellas». «Si se agrava el peligro de guerra, podemos decirle al Gobierno que estamos dispuestos, si ésto se nos hace posible mediante un tratamiento decoroso, a apoyarlo contra el enemigo exterior, a condición de que el Gobierno sostenga la guerra sin cuartel con todos los medios, entre ellos, los medios revolucionarios... Estará en juego la existencia nacional y, para nosetros, también el mantenimiento de la posición y las perspectivas que hemos conquistado».
En 1916, al tiempo que se oponía a que los oportunistas de la 11 Internacional apoyaran a cualquiera de las partes beligerantes en la guerra imperialista, Lenin subrayó la completa justeza de las aseveraciones de Engels arriba citadas? y expresó que, en la Europa de aquel entonces, aún era posible que se produjeran guerras nacionales contra el imperialismo. Dijo: ïlncluso en Europa no deben considerarse imposibles las guerras nacionales en época del imperialis mo... Ia ïépocaÍ no excluye en absolato las guerras nacionales, por ejemplo por parte de los pequeños Estados (supongamos anexados o nacionalmente oprimidos) contra las potencias imperialistas, así como tampoco excluye los movimientos nacionales de gran envergadura en Europa Oriental». «Las guerras nacionales contra las potencias imperialistas no só10 son posibles y probables; son inevitables y son progresistas y revolucionarias...». Además Lenin señaló: «Lo característico para el imperialismo consiste precisamente en la tendencia a la anexión no sólo de las regiones agrarias, sino también de las más industriales». Y expresó: «Si la guerra es por la defensa de la democracia o contra el yugo que oprime la nación, yo no me opongo a una guerra de ese tipo; y no temo las palabras ïdefensa de la patriaÍ cuando éstas se refieren a esa clase de guerra o de insurrección».
Estas exposiciones de los maestros señalan que es justa la guerra nacional emprendida por cualquier país, sea desarrollado o en desarrollo, contra la anexión y la agresión de una potencia imperialista de las cuales es víctima, y que el proletariado internacional debe apoyar y respaldar tal guerra.
En los años 30 del siglo XX, cuando las fuerzas del fascismo en el mundo se hacian cada vez más desenfrenadas y la amenaza de una guerra agresiva se agravaba considerablemente sin que llegara todavía el momento del estallido, la Internacional Comunista dirigió un llamamiento a la clase obrera de todos los paíseL para que se esforzaran por establecer un amp]io frente único contra el fascismo y la guerra. Una vez iniciada la guerra de agresión, la clase obrera de los distintos paises se lanzó activamente a la guerra antifascista para salvaguardar la independencia nacional y aportó heróicas contribuciones al triunfo de esta guerra.
Hoy, los primeros paises europeos se hayan frente a la seria amenaza de la anexión y agresión del socialimperialismo soviético. En repetidas ocasiones el Presidente Mao dijo a estadistas de paises de Europa Occidental lo siguiente. «La Unión Soviética tiene ambiciones desmesuradas. Pietende apoderarse de toda Europa, Asia y África». Si los paises de Europa Occidental caen víctimas del atropello de la herradura de los nuevos zares soviéticos, se convertirán en países dependientes, sus habitantes serán reducidos al estado de ciudadanos de segunda categoría y sus pueblos sufrirán la doble opresión de los conquistadores extranjeros y de los entreguistas nacionales. En su tiempo, Engels señaló que si la Rusia zarista derrotaba a Alemania, que contaba con un movimiento obrero relativamente desarrollado, «entonces el movimiento socialista en Europa se extinguirá por veinte años». ¡Cuanta conciencia no debe despertar hoy dia esta severa advertencia de Engels! Las enseñanzas impartidas por Engels y Lenin hace decenios sobre la guerra nacional todavía hoy nos obligan ineluctablemente a deducir lecciones similares! En la actualidad, muchos de los países europeos otra vez encaran el problema de la salvaguardia de su independencia nacional, y la clase obrera, el del mantenimiento de la posición y las perspectivas que ha conquistado. La guerra nacional contra una agresión, esclavización y masacre de gran envergadura por parte de las superpotencias sigue siendo en la Europa de hoy no solamente posible y probable, sino también inevitable, progresista y revolucionaria. Por lo tanto, el proletariado de los países del segundo mundo, al tiempo que se une con las más amplias masas populares para desplegar una seria lucha contra la opresión y explotación de la burguesía monopolista nacional, en defensa de los derechos democráticos y por el mejoramiento de las condiciones de vida, no puede sino enarbolar la bandera de la independencia nacional, colocarse en la primera fla de la lucha contra la amenaza de agresión de las dos superpotencias, en particular del socialimperialismo soviético, y, uniéndose en determinadas condiciones con todos los que rehúsen ser manejados y esclavizados por esas dos superpotencias, dirigir esta lucha con dinamismo o participar activamente en ella. Esta manera de proceder contribuirá además, al desarrollo de la situación revolucionaria en dichos paises.
El marxismo-leninismo siempre concede gran importancia a la tarea de ganarse a las fuerzas intermedias en la lucha contra el enemigo. Al hacer esfuerzos por unirse en mayor o menor grado con los países del segundo mundo, el teroer mundo está precisamente propinando golpes directos a la política de agresión, expansión y guerra de las dos superpotencias hegemónicas, particularmente del socialimperialismo soviético. Este califica a las fuerzas antihegemónicas del segundo mundo de «belicistas» o de «elementos nacionalistas» «contrarios al internacionalismo», precisamente con el propósito de enturbiar el agua para ocultar su verdadera catadura como el más peligroso atizador de una guerra mundial. ¿No es esto sumamente claro?
Sin duda alguna, cuando afirmamos que el segundo mundo es una fuerza unible en la lucha contra el hegemonismo, no queremos decir en modo alguno que se pueda pasar por alto las contradicciones entre los paises del segundo mundo y los del tercero, así eumo las contradicciones de clase en el seno de aquellos, ni queremos decir, en absoluto, que se pueda suprimir la lucha de los países y pueblos oprimidos contra la opresión y la explotación. El mundo no puede avanzar sino en medio de luchas, y la unión no puede alcanzarse sino en el curso de la lucha. Si la unidad se logra por medio de la lucha, vivirá; si se logra al precio de concesiones, morirá. Esta unión y unidad sólo puede lograrse y fortalecerse de manera gradual en el curso de h lucha contra el entreguismo, contra la tendencia al apaciguamiento y contra el neocolonialismo, y en el proceso de la lucha por rechazar la ofensiva de las fuerzas reaccionarias contra las progresistas.
Los países del segundo mundo, que enfrentan una amenaza bélica cada vez más seria de las superpotencias, tienen la necesidad de fortalecer la unión entre si yÍ la unión con el tercer mundo, la unión con todo aliado posible, a fin de avanzar en la lucha contra los enemigos comunes. Para defender su independencia y existencia nacionales, la lucha unida es el único camino correcto, aunque seguramente está rodeado de zarzas y no de rosas.
FORMAR UN FRENTE Único INTERNACIONAL LO MAS AMPLIO POSIBLE PARA FRUSTRAR EL IlEGEMONISMO DE LAS DOS SUPERPOTENCIAS Y SU POLlTICA DE GUERRA

La actual lucha sostenida por los pueblos del mundo entero contra el hegemonismo de las dos superpotencias y la lucha contra su política de guerra, constituyen los dos aspectos de un mismo combate. El hegemonismo esunmedio al que recurren las dos superpotencias para preparar la guerra y, a la vez, el objetivo que persiguen es desatarla. El peligro de guerra derivado de la disputa entre la Unión Soviética y EE.UU. por la hegemonía mundial amenaza de modo cada día inás grave a los pueblos del mundo. ¿Que actitud debemos adoptar ante este problema?
El pueblo chino y los demás pueblos del mundo están resueltamente por la paz y contra una nueva guerra mundial. El pueblo chino tiene por delante la grandiosa tarea de acelerar la contrucción socialista y de realizar las cuatro modernizaciones, para lo cual necesita apremiantemente un ambiente duradero de paz. Al igual que nosotros, la abrumadora mayoría de los paises del mundo se ospone a la guerra. Una nueva conflagración traería indudablemente a la humanidad catástrofes de gran magnitud, y nadie la quiere excepto el exíguo número de maniacos belicistas, que tratan de implantar su dominación exclusiva en el mundo. El Presidente Mao siempre dijo que nuestra actitud frente a una guerra mundial consistia en dos puntos: En primer lugar estamos en contra; en segundo, no la tememos. Decimos que no tememos la guerra, y ésto, no porque ella sea de nuestro agrado ni porque creamos que sus destrucciones no son graves, sino porque el miedo no resuelve ningún problema y porque estamos firmemente convencidos de que la guerra jamás podrá acabar con la humanidad, y, en cambio, ésta podrá, sin duda, hacer que aquella desaparezca.

¿Cuales son, entonces, nuestras tareas?
Primero, debemos advertir a los pueblos del peligro de la guerra. Las dos superpotencias están movilizando con frenesí todas sus fuerzas en preparación de una guerra. Porqué lo hacen Así? Lenin ya respondió hace tiempo: La guerra se desprende de la naturaleza misma del imperialismo. «El dominio mundial es el contenido de la política imperialista, cuya continuación es la guerra imperialista». Eh una conversación con un dirigente de un país del tercer mundo, sostenida en 1974, e1 Presidente Mao puntualizó: «En el mundo existe el imperialismo. En nuestra opinión, Rusia se llama socialimperialismo, y éste sistema social está preñado de guerra. No se trata de que ustedes, ni nosetros, ni el tercer mundo, ni los pueblos de los paises ricos queramos una guerra mundial, sino que ésta es una cosa independiente de la volumtad del hombre». No somos fatalistas pero creemos que el desarrollo de la historia se rige por leyes que le son propias. Puesto que la guerra contemporánea es el producto del imperialismo, no es posible eliminar la guerra mundial sino llevando a cabo una revolución que derroque el sistema imperialista. Si se produce en los territorios de las dos superpotencias una revolución social que las convierta en dos países socialistas, la conflagración mundial será sin duda eliminada. Tal revolución se producirá tarde o temprano, pero, ya que todavía no se ha realizado, no tenemos razón alguna para aflojar nuestra vigilancia frente a una guerra mundial.

Como la disputa de las dos potencias hegemónicas -la Unión Soviética y EE.UU.–se hace más y más enconada y, sobre todo, como el socialimperialismo se halla a la ofensiva en esta contienda, sus conflictos, al fin y al cabo, no pueden ser zanjados por medios pacíficos. En el curso de la enconada disputa de las dos superpotencias, a veces es posible que lleguen a cierto acuerdo para un fin determinado. El Presidente Mao dijo: «Puede haber acuerdos, pero, a mi modo de ver, no serán tan sólidos. Seran temporales y, al mismo tiempo, engañosos. En el fondo mismo la disputa sigue siendo lo principal». Y esta disputa conducirá inevitablemente a la guerra. En la actualidad, van en notable aumento los factores de guerra. Las dos potencias hegemónicas intensifican sus respectivos preparativos bélicos al mismo tiempo que cantan a voz en cuello viejas cantinelas como «distensión» y «desarme». Cabe preguntar: ¿No sería mejor que en lugar de cantar esas viqas cantinelas destruyeran lisa y llanamente todo el gigantesco arsenal de que disponen? Pero, por el contrario, ellas hacen cuantiosas inversiones para seguir investigando y fabricando nuevas armas nucleares, y misiles, y para desarrollar las armas químicas y biológicas, del mismo modo que otras armas de mayor eficacia y capacidad mortífera. Las fuerzas armadas de la una y la otra han tomado las disposiciones necesarias para entrar en guerra y realizan constantemente toda clase de maniobras militares. Ambas partes tienen emplazadas en Europa Central sendas fuerzas de centenares de miles de efectivos. En los océanos, sus flotas navales se vigilan mutuamente. Enviando de manera constante nuevos espías a lo largo de la Tierra, poniendo contínuamente en movimiento nuevos submarinos en las profundidades de1 mar y lanzando sin cesar nuevos satélites militares al espacio exterior, cada parte realiza labores de reconocimiento para descubrir los secretos militares de la otra y se haya lista para destruir de modo definitivo sus fuerzas bélicas. Todo ello pone en plena evidencia que las dos superpotencias están preparándose actívamente para una guerra total y que, en las actuales condiciones históricas, no existe la posibilidad de una paz duradera, siendo inevitable una nueva conflagración mundial.

Segundo, debemos de hacer todos los esfuerzos por intensificar la lucha antihegemonista, o sea, luchar por postergar la guerra y reforzar en esta lucha las propias fuerzas de defensa de los pueblos.
Las dos potencias hegemónicas están empeñadas actívamente en los preparativos para una nueva conflagración y en la disputa por la hegemonía mundial. Esta es su orientación, la que no cambiará en absoluto, y nadie debe forjarse la ilusión al respecto. Sin embargo, no les resultará fácil salirse con la suya, pues no pueden por menos de tropezar con toda clase de serias dificultades y obstáculos. En comparación con las guerras del pasado, una guerra contemporánea de gran envergadura no es, ni mucho menos, un simple problema militar aislado, y su preparación no puede sino estar estrechamente entrelazada con los factores de política interna, finanzas, economía, relaciones exteriores, etc. Al expandir frenéticamente su costosa maquinaria de guerra, la Unión Soviética y los EE.UU. vienen acrecentando, como algo inevitable, la opresión y explotación de sus pueblos, lo cual agrava sus respectivas contradicciones económicas, así eomo las contradicciones de clase y las contradicciones entre nacionalidades dentro de uno y otro país. Al perpetrar por todas partes actividades de agresión y expansión y acelerar sus disposiciones de estrategia global, vienen violando por doquier los derechos soberanos y los intereses de otros países, haciendo recrudecer así las contradicciones entre ellas y esos países y pueblos. Por tanto, en el curso para su preparación para la guerra, sus crisis, tanto de orden interno como de orden externo, no pueden sino ir agudizándose. Todo ésto terminará inevitablemente por desbarajustarse el horario de su preparación para desatar la guerra.

El Presidente Mao dijo: «EE.UU es un tigre de papel No crean en él pues se romperá de una estocada La Unión Soviética revisionista también es un tigre de papel». LÍa polítiea del imperialismo norteamericano destinada a establecer la hegemonía en el mundo ha sido objeto, desde hace mucho, de una heroica resistencia de los pueblos de los diversos países. Ahora, EE.UU. sigue haciendo lo imposible para defender sus intereses creados en todos los continentes. Ya que tiene tantas cosas que defender, la línea de su frente es demasiado larga y, «sujetando diez pulgas con los diez dedos»–como lo describía el Presidente Mao-, ha quedado estratégicamente en la pasividad. El socialimperialismo soviético se halla, en cambio, a la ofensiva, pero, ïia ofensiva a que se encuentra entrana la derrota». Allí donde sus garras de agresor permanecen extendidas por cierto tiempo, indudablemente se pone al descubierto su máscara y se levanta una lucha contra él. En los últimos años, a efectos de su disputa por las alas de Europa, gastó ingentes energías en el mar Mediterráneo, el Medio Oriente, la zona del Mar Rojo, las costas del este y oeste de África y las orillas del oceáno Indico, pero terminó en sucesivos y deshonrosos fracasos. Su desembozada política de fuerza y su diplomacia de cañoneros ha tropezado con la creciente oposición de los pueblos del mundo. No obstante haber hecho los máximos esfuerzos por la expansión armamentista y los preparativos bélicos, la Unión Soviética, que abriga tan enormes ambiciones, «es incapaz de hacer frente a Europa, el Medio Oriente, Asia Meridional, China y el Océano Pacífico» y, sin lugar a dudas, «su fuerza está por debajo de su veracidad».

Los tropiezos y reveses que han sufrido las dos potencias hegemónicas demuestran que, en medio de esta excelente situación internacional, redoblar la lucha antihegemonista, desbaratar cada una de las disposiciones de guerra de las dos potencias hegemónicas y aplazar el estallido de una guerra mundial, no sólo es el deseo común de todos los pueblos del mundo, sino que cuenta con posibilidades reales. La guerra mundial es inevitable, pero puede ser aplazada. A fin de prevenirnos contra el ataque sorpresivo de los incendiarios de esa guerra, es indispensable exigir que nuestro trabajo de defensa esté listo para enfrentar una guerra que se desencadene pronto y a gran escala, pero ésto no quiere decir que la guerra vaya infaliblemente a estallar mañana mismo. Para retardar la guerra, el quid de la cuestión no reside en las negociaciones y acuerdos que tanto pregonan ciertas gentes, sino de la lucha antihegemonista que sostienen unidos los pueblos de los diversos países.

La historia ha comprobado repetidas veces que la lucha conjunta de los pueblos constituye la fuerza principal para hacer fracasar a los incendiarios belicistas. Siempre que los pueblos de los diversos paises se esfuercen por intensificar los preparativos de orden material y organizativo para enfrentar la guerra de agresión, sigan de cerca y se empeñen en frustar las actividades de agresión y de expansión de las dos potencias hegemónicas –la Unión Soviética y EE.UU.-, sin permitirles que violen la soberanía de su propio país ni de los demás países, sin permitirles que ocupen su territorio, sus aguas jurisdiccionales, y los lugares y vías estratégicos ni recurren a la fuerza armada, la amenaza con la fuerza armada u otros medios para intenenir en sus asuntos internos, y siempre que se precavan rigurosamente contra las maquinaciones subversivas de esas potencias y contra las intrigas militares, políticas y económicas, encubiertas por la «ayuda» y no les dejen establecer, expandir, repartirse y disputarse esferas de influencia en ningún logar del mundo, podrán aplazar de seguro el esta11ido de una guerra mundial por parte de las dos potencias hegemónicas, y, en caso de que se desate ésta, encontrarse en una situación de suficiente preparación y una posición relativamente favorable. A éste efecto, todos los países y pueblos del tercero y segundo mundos, que son objeto de la amenaza de las dos potencias hegemónicas, deben, ante todo, elevar el espíritu de intrepidez, tener la seguridad de que cualquier superpotencia, por arrogante que sea, puede ser derrotada, no temer al chantaje ni dejarse engañar, persistir en salvaguardar su propia independencia, sus intereses y seguridad, apoyarse principalmente en sus propias fuerzas y, al mismo tiempo, reforzar enérgicamente el apoyo mútuo en pie de igualdad y unirse con todas las fuerzas unibles para llevar hasta el fin la lucha antihegemonista.

Tercero, es imperativo intensificar la lucha contra la política de apaciguamiento, porque esta política no puede sino acelerar el estallido de la guerra. En Occidente hay quienes aplican tal política para con la Unión Soviética. Algunos de ellos pretenden por todos los medios encontrar una fórmula «ideal» que se base en compromisos y concesiones ante la expansión y la amenazas soviéticas, poniendo por delante postulados como la «doctrina Sonnenfeldt», con la ilusión de satisfacer así las ambiciones de los agresores y conseguir, al menos, una tranquilidad pasajera; otros piensan en utilizar cuantiosos préstamos, un comercio de gran volumen, explotación conjunta e intercambio tecnológico para dar una «base material» a la llamada cooperación pacífica destinada a evitar la guerra; otros más intentan derivar hacia Oriente el peligro que encierra la Unión Soviética y deshacerse de él sacrificando la seguridad de otros países. Sin embargo, ¿no son todas estas estratagemas copia de férmulas ya empleadas en la historia de la guerra que resultaron completamente fallidas? En su tiempo, Chamberlain, Daladier y sus semejantes cocinaron el Acuerdo de Munich sacrificando a Checoslovaquia; pero, ¿lograron con ello detener o aflojar los pasos de Hitler, que procuraba una yarda después de haber tomado una pulgada? Si es cierto que Hitler invadió Polonia drigiéndose hacia Oriente, ¿no lo es igualmente que, acto seguido, ocupó Francia volviéndose hacia Occidente? Los EE.UU., Inglaterra y Francia transfundieron sangre e insuflaron aire a Alemania y al Japón, proporcionándoles ayuda y préstamos y vendiéndoles material de guerra, y ¿acaso esto los condujo a presenarse a sí mismos? Por supuesto, las negociciones norteamericano-soviéticas sobre el desarme, las negociaciones sobre el desarme en Europa Central, la conferencia sobre seguridad y cooperación de Europa, así como otras actividades semejantes, son hoy día más frecuentes que antes de la Segunda Guerra Mundial No obstante, con la intensificación de los esfuerzos por estas conferencias y negocios ¿acaso se ha relajado y no agravado la crisis de guerra en Europa? ¿Acaso se ha reducido y no incrementado la cantidad de todo tipo de armas amontonadas a ambos lados del frente europeo? Mientras más grata suene al oído la cantinela sobre la distensión, y más intensas sean las actividades de apaciguamiento, mayor será el peligro de guerra. Esto no es sensacionalismo de nadie, sino una verdad que ha sido corroborada numerosas veces por la historia. Ya es hora que despejen su cabeza esos partidarios del apaciguamiento.

Si, finalmente, estalla la guerra, el resultado no será, sin lugar a dudas, conforme al deseo unilateral de los incendiarios de la guerra, sino al revés. En la actualidad, cada una de las dos potencias hegemónicas se prepara para recurrir a ataques sorpresivos en la guerra a fin de eliminar de un golpe las fuerzas bélicas de la otra. Sin embargo, su objetivo es muy difícil de conseguir, ya que ambas partes han venido realizando intensos preparativos para prevenir este tipo de ataques. En el curso del desarrollo de la guerra, ineluctáblemente ocurrirán, en diversas partes del mundo, numerosos cambios, que serán difíciles de preveer y controlar por las dos potencias hegemónicas, y los pueblos de diversos países encontrarán, sin duda, muchas ocasiones para organizar guerras contra la agresión Estas impetuosas guerras contra la agresión no podrán ser sofocadas, y los pueblos del, mundo, mediante sus prolongados esfuerzos aunados, eliminarán finalmente a los incendiarios de la guerra. Justamente como señaló el Presidente Mao, «puede afionarse que si, a pesar de todo, los imperialistas desencadenan una tercera guerra mundial, como resultado de ésta otros centenares de miUones pasarán inevitablemente al lado del socialismo, y a los imperialistas no les quedará mucho espacio en el mundo; incluso es probable que se derrumbe por completo todo el sistema imperialista». En resumidas cuentas, quien quiera que se atreva a provocar una conflagración mundial, será objeto de la más fiane oposición y los más resueltos golpes por parte de los pueblos del mundo entero, así como del pueblo de su propio país, y se hundirá irremediablemente en la hecatombe defmitiva.

Ya en 1968 el Presidente Mao indicó: «El revisionismo soviético y el imperialismo norteamericano han perpetrado tantas fechorías e infamias que los pueblos revolucionarios del mundo entero no los perdonarán. Están alzándose los pueblos de los diversos paises. Ha comenzado un nuevo periodo histórico, el de la lucha contra el imperialismo norteamericano y el revisionismo soviético» Actualmente, se robustecen diariamente las fuerzas mundiales que se oponen al hegemonismo de las dos superpotencias y está tomando cuerpo un amplisimo frente único internacional antihegemonista. En este frente, los países socialistas y el proletariado internacional se hallan en las primeras filas de la lucha, denuncian y combaten fírmemente la política de agresión y guerra de las dos potencias hegemónicas y respaldan los esfuerzos aunados de todos los paíseh y pueblos víctimas de su agresión y amenaza. Los numerosos países y pueblos del tercer mundo, en salvaguardia de su independencia, soberanía y seguridad, están sosteniendo una lucha de medida por medida contra las superpotencias. Los pueblos del primero y segundo mundos también experimentan un creciente despertar y despliegan luchas de múltiples formas contra las dos potencias hegemónicas. Cobra impulso la lucha de los países del segundo mundo contra el control de las potencias hegemónicas, la Unión Soviética y EE.UU., particularmente contra la amenaza bélica de la primera, y se acentúa la propensión de aquellos países a su propia cohesión y a su unión con el tercer mundo. Todo esto evidencia que la unión de todas las fuerzas mundiales que se oponen a las dos potencias hegemónicas, unión destinada a reforzar su lucha, constituye la tendencia principal en el desarrollo de la actual situación internacional. Esta tendencia viene demostrando cada día más la justeza de la teoría del Presidente Mao sobre los tres mundos y su poderío como pensamiento–guía para el proletariado internacional en sus esfuerzos por confommar, junto con los pueblos del mundo entero, un amplisimo frente único antihegemonista.

Formar un frente único lo más amplio posible en la lucha revolucionaria a escala mundial para atacar al enemigo principal es una política revolucionaria seguida de manera consecuente por el proletariado internacional. Lenin enseñó: «Sólo se puede vencer al enemigo mas poderoso poniendo en tensión todas las fuerzas y aprovachando obligatoriaimente con el mayor celo, minuciosidad, prudencia y habilidad la menor fisuraÍ entre los enamigos, toda contradicción de intereses entre la burguesía de los distintos países, entre los diferentes grupos o categorías de la burguesía en el interior de cada país; hay que aprovechar asimismo las menores posibilidades de lograr un aliado de masas, annque sea temporal, vacilante, inestable, poco seguro, condicional. El que no comprende esto, no comprende ni una palabra de marxismo ni de socialisrno científico, contemporáneo, en general». La experiencia de la revolución del proletariado y de las naciones oprimidas ha probado reiteradas veces que solo aplicando correctamente esta política se puede poner en acción un gigantesco ejército revolucionario de millones y millones de hombres, de tal modo que se concentren las fuerzas para golpear al enemigo principal y conseguir la victoria de la revolución. Actuar en contra de esta política significaría empujar a las fuerzas ganables hacia el bando enemigo, engrosando así las filas de éste y aislándonos a nosotros mismos, lo que conduciria la revolución al fracaso.

La camarilla de renegados revisionistas soviéticos ha calumniado de modo virulento el empeño de establecer un frente Único internacional en contra de las dos potencias hegemónicas, la Unión Soviética y EE.UU., tildándolo de «organizar un bloque y una alianza político-militar con el imperialismo y todos los demás reaccionarios». Tales calumnias comprueban desde el ángulo adverso, la justeza de esta política. Dicha camarilla tiene mucho miedo a que los pueblos del mundo se valgan de esta arma mágica revolucionaria–el frente único–para enfrentarla a ella. Con palabras seudorrevolucionarias intenta inducir a los pueblos revolucionarios a adoptar una actitud de «puertas cerMdas», que descartan a los aliados. En vísperas de la Guerra de Resistencia contM el Japón, el Presidente Mao les hizo ya críticas penetrantes, puntualizando: «En cambio, la táctica de ïpuertas cerradasÍ es la del ïaislamiento imperialÍ. La actitud de ïpuertas cerradasÍ empuja a los peces hacia las aguas profundas y los pájaros hacia el bosqueÍ: ella empuiará a los ïmmones y millones de hombres de las rnasas popularesÍ, a ese ïgigantesco ejércitoÍ. hacia el bando enemigo, ganándose Así el apleuso de éste». Estas criticas a la actitud de «puertas cerradas» fueron cálidamente apoyadas por todo el pueblo chino. Pero los trostkistas salieron a la palestra para lanzar ataques, alegando calumniosamente que la política de frente único nacional antijaponés del Partido Comunista de China significaba «reclamar ïun frente unidoÍ con los burócratas, los politicastros, los caudillos militares y hasta con los verdugos de las masas», «abandonar la posición de clase» y otras cosas por el estilo. El gran pensador Lu Sin los reprendió poniendo el dedo en la llaga «La ïteoríaÍ de ustedes, es, efectivamente, muy superior a la del señor Mao Tse– tung y compañeros, y más que superior, resulta sencillamente que la una está en el cielo, mientMs la otra está en la tierra. No obstante, por más admiración que esta superioridad despierte, es lamentable que quienes la acogen sean nada menos que los agresores japoneses. Por consiguiente, es inevitable que esta superioridad calga del cielo para ir a parar al más inmundo lugar de la tierra... Me permito advertirles que esa suprema teoría de ustedes no será acogida por las masas populares de China y que sus acciones contrarían la norma de virtud que hoy observan los chinos». A1 releer hoy las sentencias de Lenin, del Presidente Mao y de Lu Sin, ¿no percibimos que las afiladas puntas de sus lanzas están penetrando justamente en las entrañas de los renegados revisionistas soviéticos?

La teoría del Presidente Mao sobre los tres mundos ha atraído grandemente la atención de todas las fuerzas del mundo que se oponen a las superpotencias. ¿A qué se debe ésto? Se debe, primero, a que ella infunde gran confianza al proletariado internacional y a los pueblos de los países socialistas, pemlitiéndoles ver con nitidez la relación fundamental que existe entre los tres tipos de fuerzas en el mundo actual, es decir, la relación entre nosotros–el proletariado-, los amigos y los enemigos, y pemmitiéndoles, al mismo tiempo, vislumbrar las perspectivas de la victoria de la lucha antiimperialista y antihegemonista y de la causa del comunismo; segundo, a que comunica gran confianza a las amplias masas populares y a los numerosos paises del tercer mundo, ayudándoles a ver su extraordinaria fuerza y a comprender que en su lucha no sólo cuentan con el seguro apoyo de los paises socialistas y del proletariado internacional y con la solidaridad de los pueblos del primer mundo y del segundo, sino que también pueden procurar cierta cooperación de los paises del segundo mundo y explotar las contradicciones existentes entre las dos superpotencias; y tercero, a que, adem$ de transmitir grandes esperanzas a las masas populares del primero y segundo mundo, esta teoría señala una salida a todas aquellas fuerzas políticas de los países del segundo mundo, que, amenazadas por la agresión de las dos superpotencias, se esfuerzan por salvaguardar los derechos soberanos y la existencia de sus naciones. En fin, la fuerza de esta teoría proviene del hecho de que corresponde a la realidad objetiva de la política mundial e ilumina el hermoso futuro de la humanidad.

E1 Presidente Mao siempre depositó ilimitadas esperanzas en los pueblos de los diversos paises del mundo. Dijo: «Las vastas masas populares de la Unión Soviética, la inmensa mayoría de los miembros de su partido y de sus cuadros, son buenos y quieren la revolución; la dominación de los revisionistas no durará mucho tiempo». En otra ocasión expresó: «Deposito gran esperanza en el pueblo norteamericano». Con respecto al pueblo japonés, el Presidente Mao afirmó: ïYÍor más sinuoso que sea el camino de su lucha, es luminoso el ponenir del pueblo japonés». En una entrevista con personalidades de África y América Latina, manifestó: «Estando todos nosatros en un mismo frente de combate, es imprescindible que nos unamos y nos apoyemos». «Los pueblos del mundo, mcluido el pueblo norteamericano, son todos amigos nuestros». Es obvio que por los pueblos del mundo el Presidente Mao se refería, ante todo, al proletariado internacional.

Hace más de un siglo, Marx y Engels, grandes maestros de la revolución proletaria mundial, señalaron en su Manifiesto del Partido Comunista que «la burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros». Para cumplir su gran misión histórica de sepultar el sistema capitalista, que frecuentemente fabrica guerras mundiales, hoy el proletariado internacional tiene que hacer los mayores esfuerzos por formar, consolidar y ampliar el frente único internacional en contra de las dos potencias hegemónicas, la Unión Soviética y los EE.UU., y desempeñar plenamente, dentro de este frente, su papel de núcleo. Marx y Engels dijeron «Los comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera; pero, al mismo tiempo, defienden también, dentro del movimiento actual, el porvenir de este movimiento». La victoria de la lucha mundial antihegemonista y la victoria de la lucha del proletariado internacional por la causa del socialismo y el comunismo son idénticas en sus intereses fundamentales. El capitalismo ha entrado en su fase de moribundo y decadente imperialismo y las dos superpotencias, manchadas de sangre, se han precipitado al fondo de la gigantesca red que ellas mismas han tendido en todo el globo. Ya no está muy lejano el día en que el proletario internacional, sepulturero de la burguesía, y sus íntimos aliados–los pueblos y naciones oprimidos- se despojen de sus cadenas y ganen todo un mundo.

¡Proletarios y naciones oprimidas de todo el mundo, uníos! Paises víctimas de la agresión, intención, control, subversión y atropello de las dos potencias hegemónicas, la Unión Soviética y EE UU, uníos! ¡La victoria será de todos los pueblos del mundo en lucha contra las dos potencias hegemónicas!