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La Justeza de Nuestros Principios ha Sido Demostrada en la Práctica (*)

Compañero Arturo Ruíz:

Ya que no puedo asistir personalmente, pretendo con esta sencilla nota sumarme al reconocimiento que hoy te rinden tus amigos, al cabo de tantos años de consagración a las bregas de los trabajadores risaraldenses y del país. Y deseo hacerlo por el motivo, por la ciudad y por las circunstancias.

En la marcha tesonera de los pueblos abundan los momentos históricos en los cuales éstos requieren con urgencia de la participación combativa y heroica de sus mejores hijos, si aspiran a salir airosos de las celadas que les tienden a cada paso los zánganos de la sociedad. Hoy vivimos una de esas coyunturas mágicas, y estamos en condiciones de efectuar aportes de cierta importancia. Ello obedece a que no hemos temido nadar contra la corriente, durante muchos años, que ya ni me acuerdo con exactitud; y a que nos hemos aferrado con coraje a unos cuantos principios, cuya justeza ha sido demostrada en la lucha de clases. Esto sí lo tienen presente muchos camaradas de vigilias, incluido tú, Arturo, por supuesto.

Jamás depusimos la denuncia contra los revisionistas contemporáneos y alertamos siempre sobre la enorme amenaza que implicaba el expansionismo soviético, no sólo desde el punto de vista de la autodeterminación de las naciones sino de la independencia del proletariado internacional. Hundidos Rusia y sus satélites en la charca de la regeneración capitalista y restaurada la hegemonía de los Estados Unidos, incluso con las palmas del Consejo de Seguridad de la ONU, el mundo ha experimentado un vuelco total en una exhalación. Hemos tomado muy en cuenta ambos fenómenos, y a su debido tiempo, lo cual nos otorga alguna autoridad para exponer nuestros criterios en torno a la grave situación existente en Colombia, que ha iniciado su viacrucis hacia la plena entrega económica al imperialismo norteamericano, mediante la política antinacional de la apertura y el encumbramiento al poder de los memos del gavirismo.

Así como nos aguardan duras pruebas en el futuro inmediato, tenemos a nuestro favor inmensos factores favorables. Con el curso intempestivo de los acontecimientos planetarios se han ido disipando las tinieblas. Internamente, tanto a los sectores productivos como a las fuerzas políticas que aún conservan nexos con la nación, o con su historia, no les quedará otra disyuntiva que la de defender la soberanía y el progreso de Colombia. De esta obligación no excluyo a los productores conscientes, a los parlamentarios honestos ni a los militares patrióticos, con quienes habremos de constituir un frente único por la salvación nacional. Y dentro de las más amplias perspectivas, con la máxima propagación del capitalismo a nivel internacional que estarnos presenciando, los palpitantes problemas obreros se pondrán a la orden del día y de su solución dependerá la suerte del próximo milenio. Con los asalariados estadinenses, que también se oponen al neoliberalismo en defensa de sus intransferibles derechos, se crean por primera vez condiciones reales para una estrecha unión entre los desposeídos del Continente contra la santa alianza de los mandatarios de Washington con sus títeres latinoamericanos. Son elementos decisivos e indiscutibles.

Los ideólogos de la burguesía se solazan con los reveses del marxismo pero en su loca embriaguez no aprecian la más simple característica de la nueva etapa: que los revolucionarios y trabajadores del orbe entero han comenzado a hablar el mismo lenguaje en distintos idiomas.

La ocasión nos mueve a evocar la memoria de los militantes que, como Agustín González, para citar uno de los innúmeros casos, pusieron al alcance del Partido la realización de la tarea, pues nos enseñaron con su ejemplo a escoger entre las transitorias miras personales y los imperecederos intereses de la causa obrera.

Fraternalmente,

Secretario General

Abril 15 de 1991

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(*) Palabras de Francisco Mosquera en el Homenaje del Comité Regional de Risaralda al dirigente sindical, Arturo Ruíz.